libro de audio editado por 3 uves dobles punto lee eme pe tres punto com.,. Plaza, Antonio (1833-1882) Antonio Plaza nació en Apasco estado de Guanajuato un 2 de junio de 1833, sus padres fueron José Ma. Plaza y María de la Luz llamas, de niño fue enviado a la ciudad de México a estudiar en el Seminario Conciliar, donde solo tenia dos opciones, estudiar Jurisprudencia o tomar una carrera Eclesiástica, El niño era precoz y liberal por instinto; asi es que aquellas aulas, de las cuales salieron Juan José Baz, Manuel romero Rubio, Justino Fernandez, y otros heroes de renombre a defender la Constitución de 1857 y las leyes en las filas progresivas y en ellas sirvió hasta el año de 18861 en el cual se retiró con licencia y con un pie inutilizado por una bala de cañón en pleno campo de batalla. Plaza esgrimió la pluma del periodista defendiendo las nuevas ideas, y sus trabajos llenaron las columnas de "El Horóscopo", "La Idea", "El Constitucional", "La Luz de los Libres" y muchas otras publicaciones por el estilo. Estos periódicos, en su mayor parte, eran las hojas volantes que encendían el fuego de la libertad. En 1862, con el grado de Teniente Coronel, ingresó en el Depósito de los Jefes y Oficiales y asistió después a las campañas de Querétaro, de done vino con el ejército a la capital en 1867. Muchas veces me reveló que no obedecía a preceptos de escuela; que nunca pudo nutrir su espíritu con la lectura de los grandes maestros, y que a semejanza de las aves, cantaba porque sentía la necesidad de cantar, sin importarle que la gloria le diera sus lauros o el Olvido le envolviera en sus crespones. Resignado y pobre muere un 26 de agosto de 1882 dejando huérfanos a sus tres hijos. Lo sepultaron en el panteón del Tepeyac (Villa de Guadalupe) Y como era de esperarse los periodicos le consagraron articulos llenos de sentimiento. ANTOLOGIA POETICA ANTONIO PLAZA       A... Por ti, mujer divina, en éxtasis levanto las notas que despide mi tétrico rabel; por ti, mujer que enciendes el fuego sacrosanto que al cundir por mis venas enaltece mi ser. Por ti, mujer divina, hermosa luz sin sombra transpórtame a los cielos excelsa beatitud, y quisiera a tus plantas tenderlas por alfombra las trémulas estrellas que brillan en el tul. Si a Dios por un momento su Fiat arrebatara tan sólo me ocupara de hacerte muy feliz y sin goces al cielo ya la tierra dejara por dártelo ¡divina! por dártelos a ti. Porque el amor inmenso que dentro el alma brota ese amor le da vida al muerto corazón, así como da vida la transparente gota al pétalo rugado que el viento marchitó Es tu alma como mi alma, ardiente como fuego y mi alma sin tu alma no puede ya vivir: yo quiero poseerte y condenarme luego, que hasta la eterna gloria despreciara sin ti. Yo que lloré perdida la luz de la esperanza yo que el horrible cáliz del dolor apuré, aun miro, porque te amo, brillar en lontananza un porvenir de dicha... Eres mi última fe. Y yo te necesito, así como alimento, así como del agua necesita la flor, así como las aves necesitan del viento, así como la tierra necesita del sol. Si tomo entre mi mano esa tu mano blanca, y la llevo a mi seno convulso del placer, yo siento que un suspiro del corazón se arranca, suspiro que me lleva de Dios hasta el dosel. Si vieras que de noche, rendido, abandonado, aunque el sueño me venza, pensando estoy en ti, y tu virgíneo rostro de blanca luz bañado como ángel de mi guarda, le miro junto a mí. II En ti nada más pensando y tu imagen siempre viendo, y contigo delirando, y en sueños contigo hablando, mi vida estoy consumiendo. Que mis pensamientos son tuyos, tuya mi existencia, y tuya la pulsación que agita mi corazón con volcánica violencia. Eres la dicha a que aspiro; eres la luz con que veo; eres aire que respiro; eres la Virgen que admiro; eres el Dios en que creo. III Y yo, mujer, te juro guardar inmaculado en lo íntimo del alma tu divinal amor; que si tu amor me falta, seré desventurado; y entonces, no lo dudes, me arranco el corazón. A INÉS NATALY Quiso mostrarte la clemencia santa y te infundió su soberano aliento, puso en tus ojos luz de firmamento y del ángel el trino en tu garganta. Y admirándose al ver belleza tanta, Baja -te dijo- al valle del tormento, y cuando el hombre en negro desaliento clame: ¡NO EXISTE DIOS! mírale y ¡canta! Y tú, cisne del cielo, la armonía nos revelas del cielo al escucharte; yo, que olvidando al cielo ya tenía, enviada del Señor, quiero cantarte, que aunque la fe del alma apagó el llanto, donde Dios se revela, allí le canto. A LORETO (En su día) Feliz el que recuerda al llegar a su cumpleaños, las horas que vinieron preñadas de placer; feliz quien no ha sufrido terribles desengaños; feliz el que no bebe la copa de la hiel. Feliz el que recoge sin pena en su camino las flores de la vida que el cielo perfumó; feliz el que no lucha con bárbaro destino, feliz el que no pierde, luchando, el corazón. Feliz el que acaricia la faz de la esperanza; feliz el que se duerme soñándose feliz: feliz el que despierto contempla en lontananza bordados de placeres, brillante porvenir. Feliz el que transita su ruta de ilusiones, llevando ante los ojos la venda de la fe; feliz el que no sabe qué negras decepciones arrancan esa venda. Feliz el que cree. ¿Eres feliz, Loreto? ¿Iguales y tranquilas tus horas se desprenden, trayéndote quizá, ventura tras ventura? ¿O acaso en tus pupilas, del infortunio sientes las lágrimas temblar? Yo miro en tu semblante un algo que entristece, señora, yo adivino que no eres tú feliz: tal vez una esperanza en tu alma desfallece; tal vez, una creencia ha muerto para ti. ¿Por qué si Dios te hizo tan buena como hermosa, tus ojos impregnando con luces del Edén: por qué permite, dime, que pena silenciosa tu corazón transita, simpática mujer? ¿Por qué misterio triste tú seno deposita? ¿Por qué te enluta el alma la noche de pesar? ¿Y por qué todos sufren, Loreto, en la maldita tierra, en la que se vierte de lágrimas raudal? Nunca hablas de tu pena; pero sé que padeces, aunque quieras tu alma de mártir esconder. A mí con tu tristeza, señora, me entristeces, que yo también padezco al verte padecer. Feliz si yo pudiera, hermosa infortunada, derramar en tu herida un bálsamo feliz, y tus pesares todos leer en tu mirada y al quitártelos todos, tomarlos para mí. Feliz fuera, Loreto, si acaso conocieras cuánto mi pecho apena tu negro padecer, y como te comprendo también me comprendieras, que dos infortunados compréndanse muy bien. Perdona si me atrevo tu pena a recordarte en la bendita fecha que marca tu natal; ojalá que pudiera de gloria coronarte, y a tus pequeñas plantas el goce encadenar. Coplero sin fortuna, sólo tengo mi lira, que bárbaro destino de luto la cubrió; por eso es triste el canto, señora, que me inspira el afecto que siente por ti mi corazón. Dios quiera que tranquila resbale tu existencia; Dios te dé más placeres que goces me dio a mí; Dios haga que te halaguen con su divina esencia las flores purpurinas, encanto del abril. Dios quiera que recuerdes, en cada cumpleaños, las horas que pasaron preñadas de placer; Dios quiera que no sufras terribles desengaños; Dios quiera que no apures... la copa de la hiel. A ROSA A tu lado yo siento, Rosa mía, que tenemos los dos un alma sola; si probara una gota de ambrosía suspendida en tus labios de amapola, A Dios le pido que mi pobre estrella alumbre un porvenir de venturanza, y que siempre resbale tras tus huellas la inmaculada luz de la esperanza. Ojalá que en tu senda sin abrojos nunca el llanto humedezca tu mejilla ni el brillo apague de tus lindos ojos donde mi cielo de ventura brilla. Porque tu goce mi tormento calma y con tu pena el corazón me hieres; padece mi alma si padece tu alma, y soy dichoso si dichosa eres. Que mi vida, mujer, mi vida entera se halla en tal grado con la tuya unida, que la temible muerte no pudiera arrebatar tu vida sin mi vida. Te amo, Rosa, como nunca he amado; a tus pies encadeno mi destino, y a tu amor es final abrillantado que encendiera el Señor en su camino. Tu mirada tiernísima concluye de mi penar intenso la violencia, que tú eres el iris que destruye la horrible tempestad de mi existencia. A tu lado la dicha me sofoca, y mi ser se estremece de contento cuando mi nombre de tu linda boca embalsamado sale con tu aliento. Y yo Rosa, te encuentro tan divina, que un ángel envidiara tus hechizos, tan pura como el aura vespertina, jugando de las olas con los rizos. Eres tú la ilusión de mis amores y la diosa de mi alma enamorada, isla preciosa de benditas flores en un mar de pureza colocada. Ensueño sacrosanto de ternura, mi grande aspiración es poseerte; si se agita la flor de mi ventura el desengaño me dará la muerte. II Mas no, que pronto con eterna liga para siempre mi bien, a ti enlazado teniéndome a tus pies arrodillado, me oirás hermosa, sin cesar decir: A ti mujer, la de cabellos blondos, de tez de raso, de inspirada frente, la de ojos lindos, la de boca riente a ti te amo, no más, no más a ti. A ti tan fina como bucle de ángel, tan blanca como hielo de Apenino, hermosa cual topacio golcondino, a ti te amo, no más, no más a ti. A ti, mujer tan noble como el mártir, a ti más tierno que de alondra el canto, a ti más pura que del niño el llanto, a ti te amo, no más, no más a ti. A UNA  ACTRIZ Intérprete feliz del pensamiento. ángel que brillas en la gloria humana, ciñéndole a tu frente soberana la espléndida corona del talento. Heroína del noble sentimiento, no me admira el laurel que te engalana; porque sé que en la tierra mexicana el genio tiene su mejor asiento. Sigue de gloria con tu sueño santo y conquista renombre sin segundo en la futura edad, que yo entretanto, al aplaudirte con afán profundo, diré orgulloso en atrevido canto: nada envidias, ¡oh patria!, al Viejo Mundo. A UNA EX BELLA ¿Eres tú?... ¿Eres tú la hada hermosa a quien rendí mi corazón ingente? ¿Eres aquella peregrina diosa que despreció mi culto reverente? ¡Vade retro!, ¡infeliz!... vieja asquerosa, negro cadáver de ilusión ardiente, poema de un amor santo, divino, forrado en indecente pergamino. ¡Oh, cuánto, cuánto padecer me hiciste. De mi llanto de fuego te reíste, de mi fe candorosa te burlaste. Todo al fin acabó... tú lo quisiste, que en la senda del vicio te arrojaste, y has encontrado en esa cloaca impura una vejez infame y prematura. Tu boca, ayer fragante como rosa, se ha convertido en cueva tenebrosa depósito de perlas incesantes, donde bailan un par de flojos dientes; y tu crencha tan fina, tan sedosa, es ya mechón de canas indecentes; ¿y así te amaba yo?... ¡terrible chasco! si lo que inspiras tú es solo... asco. Pobre mujer, en tu vejez temida, en la horrible vejez, que da coraje, eres muerta ilusión, fruta podrida, árbol seco, cenizo, sin ramaje; mariposa en gusano convertida; pavo real desnudo de plumaje: y qué ¿tu porvenir no te acobarda? .. vete ¡por Dios!... el hospital te aguarda. Como el viento, fugaz es la hermosura; es el lujo fantástica quimera: las flores se convierten en basura, los trajes van a dar a la hilachera, y la epidermis de sin par blancura es el forro de horrible calavera, y los ojos brillantes, primorosos, se vuelven agujeros asquerosos. A UNA RAMERA         Vitium in corde est idolum in altare                              San Jerónimo I Mujer preciosa para el bien nacida, mujer preciosa por mi mal hallada, perla del solio del Señor caída y en albañal inmundo sepultada; cándida rosa en el Edén crecida y por manos infames deshojada; cisne de cuello alabastrino y blando en indecente bacanal cantando. II Objeto vil de mi pasión sublime, ramera infame a quien el alma adora. ¿Por qué ese Dios ha colocado, dime el candor en tu faz engañadora? ¿Por qué el reflejo de su gloria imprime en tu dulce mirar? ¿Por qué atesora hechizos mil en tu redondo seno, si hay en tu corazón lodo y veneno? III Copa de bendición de llanto llena, do el crimen su ponzoña ha derramado; ángel que el cielo abandonó sin pena, y en brazos del demonio ha entregado; mujer más pura que la luz serena, más negra que la sombra del pecado, oye y perdona si al cantarte lloro; porque, ángel o demonio, yo te adoro. IV Por la senda del mundo yo vagaba indiferente en medio de los seres; de la virtud y el vicio me burlaba, me reí del amor, de las mujeres, que amar a una mujer nunca pensaba; y hastiado de pesares y placeres siempre vivió con el amor en guerra mi ya gastado corazón de tierra. V Pero te vi… te vi… ¡Maldita hora en que te vi, mujer! Dejaste herida a mi alma que te adora, como adora el alma que de llanto está nutrida; horrible sufrimiento me devora, que hiciste la desgracia de mi vida. Mas dolor tan inmenso, tan profundo, no lo cambio, mujer, por todo el mundo. VI ¿Eres demonio que arrojó el infierno para abrirme una herida mal cerrada? ¿Eres un ángel que mandó el Eterno a velar mi existencia infortunada? ¿Este amor tan ardiente, tan interno, me enaltece, mujer, o me degrada? No lo sé… no lo sé… yo pierdo el juicio. ¿Eres el vicio tú? … ¡adoro el vicio! VII ¡Ámame tú también! Seré tu esclavo, tu pobre perro que doquier te siga; seré feliz si con mi sangre lavo tu huella, aunque al seguirte me persiga ridículo y deshonra; al cabo... al cabo, nada me importa lo que el mundo diga. Nada me importa tu manchada historia si a través de tus ojos veo la gloria. VIII Yo mendigo, mujer, y tú ramera, descalzos por el mundo marcharemos; que el mundo nos desprecie cuando quiera, en nuestro amor un mundo encontraremos. Y si, horrible miseria nos espera, ni de un rey por el otro la daremos; que cubiertos de andrajos asquerosos, dos corazones latirán dichosos. IX Un calvario maldito hallé en la vida en el que mis creencias expiraron, y al abrirme los hombres una herida, de odio profundo el alma me llenaron. Por eso el alma de rencor henchida odia lo que ellos aman, lo que amaron, y a ti sola, mujer, a ti yo entrego todo ese amor que a los mortales niego. X Porque nací, mujer, para adorarte y la vida sin ti me es fastidiosa, que mi único placer es contemplarte, aunque tú halles mi pasión odiosa, yo, nunca, nunca, dejaré de amarte. Ojalá que tuviera alguna cosa más que la vida y el honor, más cara y por ti sin violencia la inmolara. XI Sólo tengo una madre. ¡me ama tanto! sus pechos mi niñez alimentaron, y mi sed apagó su tierno llanto, y sus vigilias hombre me formaron. A ese ángel para mí tan santo, última fe de creencias que pasaron, a ese ángel de bondad, ¡quién lo creyera!, olvido por tu amor… ¡loca ramera! XII Sé que tu amor no me dará placeres, sé que burlas mis grandes sacrificios. Eres tú la más vil de las mujeres; conozco tu maldad, tus artificios. Pero te amo, mujer, te amo como eres; amo tu perversión, amo tus vicios, y aunque maldigo el fuego en que me inflamo, mientras más vil te encuentro, más te amo. XIII Quiero besar tu planta a cada instante, morir contigo de placer beodo; porque es tuya mi mente delirante, y tuyo es ¡ay! mi corazón de lodo. Yo que soy en amores inconstante, hoy me siento por ti capaz de todo. Por ti será mi corazón do imperas, virtuoso, criminal, lo que tú quieras. XIV Yo me siento con fuerza muy sobrada, y hasta un niño me vence sin empeño. ¿Soy águila que duerme encadenada, o vil gusano que titán me sueño? Yo no sé si soy mucho, o si soy nada; si soy átomo grande o dios pequeño; pero gusano o dios, débil o fuerte, sólo sé que soy tuyo hasta la muerte. XV No me importa lo que eres, lo que has sido, porque en vez de razón para juzgarte, yo sólo tengo de ternura henchido gigante corazón para adorarte. Seré tu redención, seré tu olvido, y de ese fango vil vendré a sacarte; que si los vicios en tu ser se imprimen mi pasión es más grande que tu crimen. XVI Es tu amor nada más lo que ambiciono, con tu imagen soñando me desvelo; de tu voz con el eco me emociono, y por darte la dicha que yo anhelo si fuera rey, te regalara un trono; si fuera Dios, te regalara un cielo. Y si Dios de ese Dios tan grande fuera, me arrojara a tus plantas, vil ramera. AMOR ¿Por qué si tus ojos miro me miras tú con enojos, cuando por ellos deliro, y a la luz del cielo admiro en el éter de tus ojos? Cansado de padecer y cansado de cansarte, y queriendo sin querer, finjo amor a otra mujer con la ilusión de olvidarte. No es mi estrella tan odiosa: que en fugaces amoríos, como ave de rosa en rosa yo voy de hermosa en hermosa y no lamento desvíos; Pero el favor de las bellas irrita más la pasión que ardiente busca tus huellas, y al ir mis ojos tras ellas vuela a ti mi corazón. Así un proscrito tenía goces en extraño suelo y volvió a su patria un día por mirar en su agonía la linda luz de su cielo. De ti proscrito y dejando las rosas por tus abrojos, vuelvo a tus pies suspirando, por mirar agonizando la linda luz de tus ojos. CANTARES Te adoré como a una virgen cuando conocí tu cara; pero dejé de adorarte cuando conocí tu alma. Cuestión de vida o muerte son las pasiones, si alguien lo duda, deja que se apasione. Las heridas del alma las cura el tiempo, y por eso incurables son en los viejos. Los astros serán, mi vida, más que tus ojos hermosos; pero a mi más que los astros me gustan, linda, tus ojos. ¡DÉJALA! Toma niña, este búcaro de flores; tiene azucenas de gentil blancura lirios fragantes y claveles rojos, tiene también camelias, amaranto y rosas sin abrojos, rosas de raso, cuyo seno ofrecen urnas de almíbar con esencia pura, que en sus broches de oro se estremecen. Admítelas, amor de mis amores, admítelas, mi encanto; las cristalinas gotas de mi llanto, tibio llanto que brota del alma de una madre que en ti piensa, y por eso hallarás en cada gota emblema santo de ternura inmensa. Una tarde de abril, así decía, sollozante, mi esposa infortunada, a mi hija indiferente que dormía en su lecho de tablas reclinada; y como Herminia, ¡nada!; nada en su egoísmo respondía a esa voz que me estaba asesinando. La madre entonces se alejó llorando, y ella en la tumba continuó durmiendo. "Déjala dije, -tu dolor comprendo..." DESPECHO I Arcanidad terrible de la vida, destino lleno de rigor sin nombre, infancia entre las sombras escondida, aprieta sin piedad, que das en hombre. No esperes con tu golpe furibundo avasallar mi soberano aliento: es grande mi tormento como el mundo; pero el alma es mayor que mi tormento. Y siempre aquí, con arrogante calma de tus rencores la sin par fiereza afronto audaz, que la grandeza de alma, aunque pequeño soy, es mi grandeza. Nunca al poder ni al oro me arrodillo, y aunque me agobie padecer tirano me muero de hambre; pero no me humillo... seré cadáver, pero no gusano. Bien, alma, ¡bien! porque jamás te humillas... eres inmensa en tu sufrir constante... ¡No mendigues la gloria de rodillas, conquístala de pie, mártir gigante! * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * Nací juguete de la vil fortuna, y me acompañan en fatal camino, la negra sombra que bañó mi cuna, la negra mano que marcó mi sino. A la luz de brillantes ilusiones de la horrible verdad vi los arcanos, y fue mi alma festín de las pasiones como el cuerpo es festín de los gusanos. Lloré por la esperanza asesinada, pero tanto creció mi desventura, que traduje en sonora carcajada la suprema expresión de la amargura. Al fin, cansado de mortal quebranto adopté el estoicismo por divisa: tanto lloré, que se agotó mi llanto, tanto reí que se acabó mi risa. Sin fe, sin juventud, la despreciada vida infeliz indiferente rueda... con mi última ilusión evaporada ¿qué me queda en el mundo?... ¿qué me queda? Ya no tengo sonrisa ni gemido; ni amo, ni aborrezco, ni ambiciono, que en indolencia criminal sumido hasta mi propio espíritu abandono. Hora tras hora solitario pierdo envuelto en bruma de oriental pereza; es mi goce sufrir con el recuerdo, entregado al placer de la tristeza. Pláceme abrir heridas mal cerradas, contemplando a la espalda de los años, ilusiones de fuego, sepultadas en la nieve de horribles desengaños. II También un tiempo ¡ay de mí! tras de fantasmas risueños desatinado corrí; porque la razón perdí entre marañas de sueños. Lindo germen de ilusión, de mi espíritu gastado engendró loca pasión... soñó con la redención mi frente de condenado. En mi desencanto amé creyendo que no creía, y más desencanto hallé... ¡imbécil! ¿por qué soñé, cuando soñar no debía? Amé a una mujer, como ama quien amar no cree... su llanto alzó en mí ser una llama, como alza fosfórea flama la lluvia en el camposanto. Pero ¡ay! de aquellas historias sólo guarda el corazón recuerdos de muertas glorias, memorias, sólo memorias son. Porque mis sueños huyeron, y mis amores volaron, mis esperanzas murieron, y los placeres que fueron luto en el alma dejaron. Hoy en negra decepción los desprecios y el cariño, mis esperanzas murieron, para mí lo mismo son... en lugar de corazón llevo el cadáver de un niño. III De luz imposible mi cráneo era foco de luz imposible mis sueños vestí; pero ¡ay! que mis sueños febriles de loco en mares de sombra perdiéronse al fin. El alma, la vida apenas soporta, la paz de las tumbas, del alma es la paz; yo soy un pasado que a nadie le importa; yo soy en la tierra cadáver social. ¡Guay del que vegeta con sueños despierto!... dormirse soñando es muerto vivir... yo vivo y no sueño, cadáver despierto, del ser y la nada parodia infeliz. Al cielo pregunto con ansia indecible: ¿los mártires suben de Dios al dosel? el cielo se calla, y un eco terrible me dice: ¡No sueñes... mentira es la fe! Quien deja la vida de luto y hastío se vuelve a la nada que de ella salió, tras esas estrellas no hay más que vacío; me dice: ¡No sueñes... mentira es la fe! El hombre, ese imbécil gusano pequeño, de orgullo inflamado, se juzga inmortal; pero es la existencia la sombra del sueño del sueño que forja la nada quizá. * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * Señor, de la duda me asfixia el abismo, te ruego que mandes a mi alma infeliz la fe sacrosanta o el negro ateísmo... negar es creer... dudar es sufrir. FLOR DE UN DÍA Yo di un eterno adiós a los placeres cuando la pena doblegó mi frente, y me soñé, mujer, indiferente al estúpido amor de las mujeres. En mi orgullo insensato yo creía que estaba el mundo para mí desierto, y que en lugar de corazón tenía una insensible lápida de muerto. Más despertaste tú mis ilusiones con embusteras frases de cariño, y dejaron su tumba las pasiones y te entregué mi corazón de niño. No extraño que quisieras provocarme, ni extraño que lograras encenderme; porque fuiste capaz de sospecharme, pero no eres capaz de comprenderme. ¿Me encendiste en amor con tus encantos, porque nací con alma de coplero, y buscaste el incienso de mis cantos?... ¿Me crees, por ventura, pebetero? No esperes ya que tu piedad implore, volviendo con mi amor a importunarte; aunque rendido el corazón te adore, el orgullo me ordena abandonarte. Yo seguiré con mi penar impío, mientras que gozas envidiable calma; tú me dejas la duda y el vacío, y yo en cambio, mujer, te dejo el alma. Porque eterno será mi amor profundo, que en ti pienso constante y desgraciado, como piensa en la gloria el condenado, como piensa en la vida el moribundo. HOJAS SECAS Tú despertaste el alma descreída del pobre que tranquilo y sin ventura, en el Gólgota horrible de la vida agotaba su cáliz de amargura. Indiferente a mi fatal castigo me acercaba a la puerta de la parca. Más infeliz que el último mendigo, más orgulloso que el primer monarca. Pero te amé; que a tu capricho plugo ennegrecer mi detestable historia... quien nació con entrañas de verdugo sólo dando tormento encuentra gloria. Antes que te amara con delirio viví con mis pesares resignado; hoy mi vida es de sombra y de martirio; hoy sufro lo que sufre un condenado. Perdió la fe mi vida pesarosa; sólo hay abismos a mis pies abiertos... quiero morir... ¡feliz el que reposa en el húmedo lecho de los muertos!... Nacer, crecer, morir. He aquí el destino de cuanto el orbe desgraciado encierra; ¿qué importa si al fin de mi camino voy a aumentar el polvo de la tierra? ¿Y qué la tempestad? ¿Qué la bonanza? ¿Ni qué importa mi futuro incierto, si ha muerto el corazón, y la esperanza dentro del corazón también ha muerto?... ¿Sabes por qué te amé?... Creí que el destino te condenaba como a mí, al quebranto, y ebrio de amor, inmaterial, divino, quise mezclar mi llanto con tu llanto. ¡Ah!... ¡coqueta!... ¡coqueta!... yo veía en ti de la virtud excelsa palma... ¿ignoras que la vil coquetería es el infame lupanar del alma? Di, ¡por piedad! ¿qué males te he causado? ¡Por qué me haces sufrir?... Alma de roble, buscar el corazón de un desgraciado para jugar con él, eso es... ¡innoble! ¿Me hiciste renacer al sentimiento para burlarte de mi ardiente llama?... Te amo hasta el odio, y, al odiarte siento que más y más el corazón te ama. Fuiste mi fe, mi redención, mi arcángel, te idolatró mi corazón rendido. Con la natura mística del ángel, con el vigor de Lucifer caído, que tengo un alma ardiente y desgraciada alma que mucho por amar padece; no sé si es miserable o elevada, sólo sé que a ninguna se parece. Alma infeliz, do siempre se encontraron el bien y el mal en batallar eterno; alma que Dios y Satanás forjaron con luz de gloria y lumbre del infierno. Esta alma es la mitad de un alma errante, que en mis sueños febriles reproduzco, y esa mitad que busco delirante, nunca la encontraré: pero... ¡la busco! Soy viejo ya, mi vida se derrumba y sueño aún con plácidos amores, que en vez del corazón llevo una tumba, y los sepulcros necesitan flores. Te creí la mitad de mi ser mismo; pero eres la expiación, y me parece ver en tu faz un atrayente abismo, lleno de luz que ciega y desvanece. No eres mujer, porque la mente loca te ve como faceta de brillante eres vapor que embriaga y que sofoca aérea visión, espíritu quemante. Yo que lucho soberbio con la suerte; y que luchar con el demonio puedo, siento latir mi corazón al verte... ya no quiero tu amor... me causas miedo. Tú me dejas, mujer, eterno luto; pero mi amor ardiente necesito arrancar de raíz; porque su fruto es fruto de dolor, fruto maldito. Quiero a los ojos arrancar la venda, quiero volver a mi perdida calma, quiero arrancar mi amor, aunque comprenda que al arrancar mi amor, me arranque el alma. LEJOS DE TI Lejos de ti, mujer encantadora, sólo encuentro fastidio en derredor; fastidio horrible al corazón devora, porque sin ti no alienta el corazón. Lejos de ti, el triste pensamiento tu imagen halla sin cesar doquier, y tu imagen divina es mi tormento, y tu imagen divina es mi placer. Lejos de ti, si miro a otras mujeres radiantes de belleza y juventud, no ambiciono sus mágicos placeres. que mi único placer, linda, eres tú. Lejos de ti, no encuentro qué me halague, en ti pienso las horas sin contar; y al querer que la mente se divague, entonces en ti pienso más y más. Lejos de ti, de noche en mi retiro es cuando más estoy cerca de ti, porque tu imagen en el sueño miro bañada de pureza junto a mí. Lejos de ti, la vida es un desierto, porque lejos de ti, mujer estoy como sin aire las canoras aves, como sin agua la marchita flor. Lejos de ti, no vivo, bien lo sabes: un horizonte lúgubre, sin luz, océano con lágrimas sin puerto, un sudario maldito, un ataúd. Lejos de ti, mi vida es el hastío; porque mi vida absorbe la pasión, como absorbe a la gloria de rocío la arena del desierto abrasador. Lejos de ti, con júbilo muriera si enterrarme quisieran a tus pies, y cadáver tus lágrimas sintiera sobre mi yerto corazón caer. Lejos de ti, mi frente está abatida; lejos de ti, mujer no soy feliz; lejos de ti, no quiero ni la vida, que vivir no es, vivir lejos de ti NADA Nada es quien fue nada                                    Pirrón Nadaba entre la nada. Sin empeño a la vida, que es nada, de improviso vine a soñar que soy; porque Dios quiso entre la nada levantar un sueño. Dios, que es El Todo y de la nada es dueño, me hace un mundo soñar, porque es preciso; Él, siendo Dios, de nada un paraíso formó, nadando en eternal ensueño. ¿Qué importa que en la nada confundida vuelva a nadar, al fin, esta soñada vil existencia que la nada olvida, nada fatal de la que fue sacada?… ¿Qué tiene esta ilusión que llaman vida?... Nada en su origen. -¿y en su extremo? -¡Nada! NO TE OLVIDO ¿Y temes que otro amor mi amor destruya? Qué mal conoces lo que pasa en mí; no tengo más que un alma, que es ya tuya, y un solo corazón, que ya te di. ¿Y temes que placeres borrascosos arranquen ¡ay! del corazón la fe? Para mí los placeres son odiosos; en ti pensar es todo mi placer. Aquí abundan mujeres deslumbrantes, reinas que esclavas de la moda son, y ataviadas de sedas y brillantes, sus ojos queman, como quema el sol. De esas bellas fascinan los hechizos, néctar manan sus labios de carmín; mas con su arte y su lujo y sus postizos, ninguna puede compararse a ti. A pesar de su grande poderío, carecen de tus gracias y virtud, y todas ellas juntas, ángel mío, valer no pueden lo que vales tú. Es tan ingente tú sin par pureza, y tan ingente tu hermosura es, que alzar puede su templo la belleza con el polvo que oprimes con tus pies. Con razón me consume negro hastío desde que te hallas tú lejos de aquí, y con razón el pensamiento mío sólo tiene memoria para ti. Yo pienso en ti con ardoroso empeño, y siempre miro tu divina faz, y pronuncio tu nombre cuando sueño, y pronuncio tu nombre al despertar. Si del vaivén del mundo me retiro, y ávido de estudiar quiero leer, entre las letras ¡ay! tu imagen miro, tu linda imagen de mi vida ser. Late por ti mi corazón de fuego, te necesito como el alma a Dios; eres la virgen que idolatro ciego; eres la gloria con que sueño yo. UNA LÁGRIMA Siempre hay vientos abrasadores que pasan por el alma del hombre y la desecan...                        Lamenais   I Yo, mujer, te adoré con el delirio con que adoran los ángeles a Dios; eras, mujer, el pudoroso lirio que en los jardines del Edén brotó. Eras la estrella que radió en Oriente, argentando mi cielo con su luz; eras divina cual de Dios la frente; eras la virgen de mis sueños, tú. Eras la flor que en mi fatal camino escondida entre abrojos encontré, y el néctar de su cáliz purpurino, delirante de amor, loco apuré. Eras de mi alma la sublime esencia; me fascinaste como al Inca el sol; eras tú de mi amor santa creencia; eras, en fin, mujer, mi salvación. Bajo prisma brillante de colores me hiciste el universo contemplar, y a tu lado soñé de luz y flores en Edén transparente de cristal. En éxtasis de amor, loco de celos, con tu imagen soñando me embriagué: y linda cual reina de los cielos, con los ojos del alma te miré. * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * II ¿No recuerdas, mujer, cuando de hinojos yo juntaba mi frente con tu frente, tomando un beso de tus labios rojos, y la luna miré, como en la fuente, reproducirse en tus divinos ojos? ¿No recuerdas, mujer, cuando extasiada al penetrar de amor en el sagrario, languideció tu angélica mirada?... tú eras una flor, flor perfumada; yo derramé la vida en tu nectario. III ¡Mas todo es ilusión! ¡Todo se agota! Nace la espina con flor; ¿qué quieres? de ponzoña letal cayó una gota y el cáliz amargo de los placeres. Los gratos sueños que la amante embriagan fantasmas son que al despertar se alejan; y si un instante al corazón halagan, eterna herida al corazón le dejan. Tal es del hombre la terrible historia; tal de mentira su fugaz ventura: tras un instante de mundana gloria amarga hiel el corazón apura. Por eso al fin sin esperanza, triste, murió mi corazón con su delirio; y al expirar, mujer, tú le pusiste la punzante corona del martirio. Y seco yace en lecho funerario el pobre corazón que hiciste trizas; tu amor le puso el tétrico sudario, y un altar te levantan sus cenizas. Tras de la dicha que veló el misterio, siguió cual sombra el torcedor maldito, trocando el cielo en triste cementerio... confórmate, mujer... ¡estaba escrito! Antología poética Antonio Plaza libro de audio editado por 3 uves dobles punto lee eme pe tres punto com.,.