libro de audio editado por 3 uves dobles punto lee eme pe tres punto com.,. de Burgos, Julia Constancia (1914-1953) Julia Constancia Burgos García, nació en Carolina, Puerto Rico, en 1914. Se inició en la poesía desde muy temprana edad mientras ejercía como maestra y luego como periodista. En sus primeras publicaciones se refleja la influencia de otros poetas como Alfonsina Storni, Clara Lair y Luis Lloréns Torres. A esta etapa pertenece su obra «Veinte surcos». Posteriormente vuelca toda su sensibilidad artística en un canto sensual al amor y a la naturaleza, mostrando ciertos rasgos semejantes a Vicente Huidobro y Rafael Alberti. De esta etapa se destacan «Canción de la verdad sencilla» y «El mar y tú». Está considerada como una de las grandes poetas de su patria. Vivió sus últimos años auto-desterrada en Cuba y Nueva York, donde falleció en 1953. ANTOLOGÍA POÉTICA JULIA de BURGOS Julia de Burgos (Barrio Santa Cruz, Carolina, 1914 - Harlem, Nueva York, 1953) Antología poética A JULIA DE BURGOS YA LAS GENTES murmuran que yo soy tu enemiga porque dicen que en verso doy al mundo tu yo.                 Mienten, Julia de Burgos. Mienten, Julia de Burgos. La que se alza en mis versos no es tu voz: es mi voz; porque tú eres ropaje y la esencia soy yo; y el más profundo abismo se tiende entre las dos.                 Tú eres fría muñeca de mentira social, y yo, viril destello de la humana verdad.                 Tú, miel de cortesanas hipocresías; yo no; que en todos mis poemas desnudo el corazón.                 Tú eres como tu mundo, egoístas; yo no; que todo me lo juego a ser lo que soy yo.                 Tú eres sólo la grave señora señorona; yo no, yo soy la vida, la fuerza, la mujer.                 Tú eres de tu marido, de tu amo; yo no; yo de nadie, o de todos, porque a todos, a todos, en mi limpio sentir y en mi pensar me doy.                 Tú te rizas el pelo y te pintas; yo no; a mí me riza el viento; a mí me pinta el sol.                 Tú eres dama casera, resignada, sumisa, atada a los prejuicios de los hombres; yo no; que yo soy Rocinante corriendo desbocado olfateando horizontes de justicia de Dios.                 Tú en ti misma no mandas; a ti todos te mandan; en ti mandan tu esposo, tus padres, tus parientes, el cura, la modista, el teatro, el casino, el auto, las alhajas, el banquete, el champán, el cielo y el infierno, y el qué dirán social. En mí no, que en mí manda mi solo corazón, mi solo pensamiento; quien manda en mí soy yo. Tú, flor de aristocracia; y yo la flor del pueblo. Tú en ti lo tienes todo y a todos se lo debes, mientras que yo, nada a nadie se la debo.                 Tú, clavada al estático dividendo ancestral, y yo, un uno en la cifra del divisor social, somos el duelo a muerte que se acerca fatal.                 Cuando las multitudes corran alborotadas dejando atrás cenizas de injusticias quemadas, y cuando con la tea de las siete virtudes, tras los siete pecados, corran las multitudes, contra ti, y contra todo lo injusto y lo inhumano, yo iré en medio de ellas con la tea en la mano. ÍNTIMA SE RECOGIÓ LA vida para verme pasar. Me fui perdiendo átomo por átomo de mi carne y fui resbalándome poco a poco al alma.                 Peregrina en mí misma, me anduve un largo instante. Me prolongué en el rumbo de aquel camino errante que se abría en mi interior, y me llegué hasta mí, íntima.                 Conmigo cabalgando seguí por la sombra del tiempo y me hice paisaje lejos de mi visión.                 Me conocí mensaje lejos de la palabra. Me sentí vida al reverso de una superficie de colores y formas. Y me vi claridad ahuyentando la sombra vaciada en la tierra desde el                                                                                                           hombre.                                                  * * *                  Ha sonado un reloj la hora escogida de todos. ¿La hora? Cualquiera. Todas en una misma. Las cosas circundantes reconquistan color y forma. Los hombres se mueven ajenos a sí mismos para agarrar ese minuto índice que los conduce por varias direcciones estáticas.                  Siempre la misma carne apretándose muda a lo ya hecho. Me busco. Estoy aún en el paisaje lejos de mi visión. Sigo siendo mensaje lejos de la palabra.                  La forma que se aleja y que fue mía un instante me ha dejado íntima. Y me veo claridad ahuyentando la sombra                                                     vaciada en la tierra desde el hombre. RÍO GRANDE DE LOÍZA ¡RÍO GRANDE DE Loíza!... Alárgate en mi espíritu y deja que mi alma se pierda en tus riachuelos, para buscar la fuente que te robó de niño y en un ímpetu lo te devolvió al sendero. Enróscate en mis labios y deja que te beba, para sentirte mío por un breve momento, y esconderte del mundo, y en ti mismo esconderte, y oír voces de asombro, en la boca del viento. Apéate un instante del lomo de la tierra, y busca de mis ansias el íntimo secreto; confúndeme en el vuelo de mi ave fantasía, y déjame una rosa de agua en mis ensueños. ¡Río Grande de Loiza!.. Mi manantial, mi río, desde que alzóse al mundo el pétalo materno; contigo se bajaron desde las rudas cuestas a buscar nuevos surcos, mis pálidos anhelos; y mi niñez fue toda un poema en el río, y un río en el poema de mis primeros sueños. Llegó la adolescencia. Me sorprendió la vida prendida en lo más ancho de tu viajar eterno; y fui tuya mil veces, y en un bello romance me despertaste el alma y me besaste el cuerpo. ¿Adónde te llevaste las aguas que bañaron mis formas, en espiga del sol recién abierto? ¡Quién sabe en qué remoto país mediterráneo alguien fauno en la playa me estará poseyendo! ¡Quién sabe en qué aguacero de qué tierra lejana me estaré derramando para abrir surcos nuevos; o si acaso, cansada de morder corazones, me estaré congelando en cristales de hielo! ¡Río Grande de Loíza! Azul, Moreno, Rojo. Espejo azul, caído pedazo azul del cielo; desnuda carne blanca que se te vuelve negra cada vez que la noche se te mete en el lecho; roja franja de sangre, cuando baja la lluvia a torrentes su barro te vomitan los cerros. Río hombre, pero hombre con pureza de río, porque das tu azul alma cuando das tu azul beso. Muy señor río mío. Río hombre. Único hombre que ha besado en mi alma al besar en mi cuerpo. ¡Río Grande de Loiza!... Río grande. Llanto grande. El más grande de todos nuestros llantos isleños, si no fuera más grande el que de mi se sale por los ojos del alma para mi esclavo pueblo. DAME TU HORA PERDIDA DE TU EXISTENCIA múltiple dame la hora perdida,  cuando vacío de todo, no sientas ni la vida.  Cuando te encuentres solo, tan lejos de ti mismo  que te pese la mera conciencia del mutismo.  Cuando sientas tan fuerte desprecio por lo humano que hasta de ti te rías, cual de cualquier gusano. Cuando estés tan distante del farsante murmullo  que deshagas la fórmula de tu arrogante orgullo.  Entonces, ya vacío de todo, con tu nada  acércate a mi senda y espera mi llegada.  Yo te daré la nota más cierta de mi vida.  Tú me darás la nada de tu hora perdida.  Yo te daré inquietudes, sentidas emociones  que turben tu vacío y broten en canciones.  Tú me darás la nada de la inmortal mentira  de eternizar las cosas en su inmortal mentira.  Yo te daré verdades de todo lo tangible  para pesar la nada de tu vida insensible.  Y así, tú te darás en mí como si fuera  mi vida un aletazo de la ida primavera.  Que nunca ha sido, y siempre se extiende en nuestras almas  como verdad de nada, igual que las no almas.  Y yo me daré en ti como futuro incierto  de tiempos que no han sido, y canción que no ha muerto.  Y alzaremos en ritmo vibrante y alocado  la sublime mentira de habernos encontrado.  Yo, en la nada insensible de tu hora perdida,  y tú, en la también nada de mi frívola vida. MOMENTOS YO, FATALISTA, mirando la vida llegándose y alejándose de mis semejantes. Yo, dentro de mí misma, siempre en espera de algo que no acierta mi mente. Yo, múltiple, como en contradicción, atada a un sentimiento sin orillas que me une y me desune, alternativamente, al mundo. Yo, universal, bebiéndome la vida en cada estrella desorbitada, en cada grito estéril, en cada sentimiento sin orillas. CORTANDO DISTANCIAS CHISPEADO DE LUCES del rumbo futuro que adviértese en todas las nuevas llamadas, de espalda al prejuicio y a solas contigo, llegaste a mi vida cortando distancias. Distancia de innobles pisadas sociales. Distancia de huellas de loca avanzada. Distancia de credos, de normas, de anhelos. Distancia de todo lo que hace la nada. Llegaste. Eso es todo. Rasguea tus sentidos, y dame un lenguaje de voces calladas. Renuncio al legado de un mundo ficticio. No quiero limosnas de herencia gastada. Prefiero al murmullo de todos los tiempos, el secreto íntimo de las circunstancias, prendida al silencio de tu vida mía y oyendo en tus ojos y no en tus palabras. Lancemos un grito de adioses al viento por todas las fugas que cortan distancias. Un místico y suave adiós al ensueño que engaña las mentes y teje la nada. Un grave y piadoso adiós al imbécil que vive tan solo de sol, aire y agua. Un fuerte y cortante adiós al cobarde que vive sumiso a credos y trabas. Y un loco y salvaje adiós a nosotros en ritos y normas y gestos y máscaras. Que sea nuestra vida presente de todo. Que busque futuro tan solo en el alma. Que ensaye verdades. Que sienta en idea. Que siempre se extienda cortando distancias. Y que sea más íntima que todas las frases, de todos los tiempos, de todas las razas. AMANECERES ¡AMANECERES EN MI alma! ¡Amaneceres en mi mente! Cuando se abre la puerta íntima para entrar a una misma, ¡Que de amaneceres! Recoger la hora que pasa temblando a nuestro lado, y hacerla presente, y hacerla robusta, y hacerla universal. Y que cante; y que grite; y que se interne en todos los rincones anónimos despertando rebeldías; y que barra la cara de los eternos jorobados del tiempo enfermos de no pensar; y que cuelgue todas las canciones de rumbos y burgueses, y rompa sus segundos en un millón de himnos proletarios. ¡Amaneceres en mi alma! ¡Amaneceres en mi mente! Cuando se abre la puerta íntima para entrar a una misma, ¡Que de amaneceres! NADA COMO LA VIDA es nada en tu filosofía, brindemos por el cierto no ser de nuestros cuerpos. Brindemos por la nada de tus sensuales labios que son ceros sensuales en tus azules besos; como todo azul, quimérica mentira de los blandos océanos y de los blancos cielos. Brindemos por la nada del material reclamo que se hunde y se levanta en tu carnal deseo; como todo lo carne, relámpago, chispazo, en la verdad mentira sin fin del Universo. Brindemos por la nada, bien nada de tu alma, que corre su mentira en un potro sin freno; como todo lo nada, buen nada, ni siquiera se asoma de repente en un breve destello. Brindemos por nosotros, por ellos, por ninguno; por esta siempre nada de nuestros nunca cuerpos; por todos, por los menos; por tantos y tan nada; por esas sombras huecas de vivos que son muertos. Si del no ser venimos y hacia el no ser marchamos, nada entre nada y nada, cero entre cero y cero, y si entre nada y nada no puede existir nada, brindemos por el bello no ser de nuestros cuerpos. INTERROGACIONES UNA RISA SE me acaba de reír en los labios.         — ¿Risa de qué?         —De todo lo creado. Un llanto se ha echado a llorar dentro de mis ojos.         — ¿Llanto de qué?         —De todo lo soñado. Un olvido se me ha olvidado en el bosquejo de mi mente.         — ¿Olvido de qué?         —De todo lo pasado. Un desprecio se ha despreciado él mismo en mi mañana.         — ¿Desprecio de qué?         —De todo lo futuro. ¿Qué me queda el presente? Lo río... Lo lloro... Lo olvido... Lo desprecio... AY, AY, AY DE LA GRIFA NEGRA AY, AY, AY, que soy grifa y pura negra; grifería en mi pelo, cafería en mis labios; y mi chata nariz mozambique. Negra de intacto tinte, lloro y río la vibración de ser estatua negra; de ser trozo de noche, en que mis blancos  dientes relampaguean; y ser negro bejuco que a lo negro se enreda y comba el negro nido en que el cuervo se acuesta. Negro trozo de negro en que me esculpo, ay ay ay, que mi estatua es toda negra. Dícenme que mi abuelo fue el esclavo por quien el amo dio treinta monedas. Ay ay ay, que el esclavo fue mi abuelo es mi pena, es mi pena. Si hubiera sido el amo, sería mi vergüenza; que en los hombres, igual que en las naciones, si el ser el siervo es no tener derechos, el ser el amo es no tener conciencia. Ay ay ay, los pecados del rey blanco lávelos en perdón la reina negra. Ay ay ay, que la raza se me fuga y hacia la raza blanca zumba y vuela hundirse en su agua clara; tal vez si la blanca se ensombrará en la negra. Ay ay ay, que mi negra raza huye y con la blanca corre a ser trigueña; ¡a ser la del futuro, fraternidad de América! CANCIÓN DE RECUERDO ESTA NOCHE, el deseo de la carne se me fuga hacia la nada, y el recuerdo de horas tiernas y felices con mi alma se da cita. Hace tiempo que mi alma, en continuo sobresalto con la vida, uno a uno deshojaba sus ensueños, una a una renunciaba las caricias de ese íntimo letargo, cuando el mundo de las cosas espontáneas en la luz no presentida de un adentro que no piensa ni analiza y que solo sabe y siente emociones imprevistas. Esta noche mi alma vibra en hallazgo de sí misma, y alejada de la carne, es presente el recuerdo de tu vida. ¡Cómo vuelven las primeras ilusiones, y el silencio de los besos que se abrieron como rosas al connubio de tus labios y mis labios en el lecho de la brisa! YO MISMA FUI MI RUTA YO QUISE SER como los hombres quisieron que yo fuese: un intento de vida; un juego al escondite con mi ser. Pero yo estaba hecha de presentes, y mis pies planos sobre la tierra promisora no resistían caminar hacia atrás, y seguían adelante, adelante, burlando las cenizas para alcanzar el beso de los senderos nuevos.                 A cada paso adelantado en mi ruta hacia el frente rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado de los troncos viejos.                 Pero la rama estaba desprendida para siempre, y a cada nuevo azote la mirada mía se separaba más y más y más de los lejanos horizontes aprendidos: y mi rostro iba tomando la expresión que le venía de adentro, la expresión definida que asomaba un sentimiento de liberación íntima; un sentimiento que surgía del equilibrio sostenido entre mi vida y la verdad del beso de los senderos nuevos.                 Ya definido mi rumbo en el presente, me sentí brote de todos los suelos de la tierra, de los suelos sin historia, de los suelos sin porvenir, del suelo siempre suelo sin orillas de todos los hombres y de todas las épocas.                 Y fui toda en mí como fue en mí la vida…                 Yo quiese ser como los hombres quisieron que yo fuese: un intento de vida; un juego al escondite con mi ser. Pero yo estaba hecha de presentes; cuando ya los heraldos me anunciaban en el regio desfile de los troncos viejos, se me torció el deseo de seguir a los hombres, y el homenaje se quedó esperándome. ALBA DE MI SILENCIO EN TI ME he silenciado... El corazón del mundo está en tus ojos, que se vuelan mirándome.       No quiero levantarme de tu frente fecunda en donde acuesto el sueño de seguirme en tu alma.       Casi me siento niña de amor que llega hasta los pájaros. Me voy muriendo en mis años de angustia para quedar en ti como corola recién en brote al sol...       No hay una sola brisa que no sepa mi sombra ni camino que no alargue mi canción hasta el cielo.       ¡Canción silenciada de plenitud! En ti me he silenciado...       (La hora más sencilla para amarte es esta en que voy por la vida dolida de alba.) TRANSMUTACIÓN ESTOY SENCILLA COMO la claridad... Nada me dice tanto como tu nombre repetido de montaña a montaña por un eco sin tiempo que comienza en mi amor y rueda hasta el infinito... (¡Tú ......................................................!                 Casi paloma erguida                                  sobre un mundo de alas                                                                 que has creado en mi espíritu.)            Tú lo dominas todo para mi claridad. Y soy simple destello en albas fijas amándote...            Ningún viento agitado seduce mi reposo de ternuras naciendo y apretándose entre tu mano y mi sollozo.            Una afluencia de ríos por nacer, y golondrinas mudas, se estrecha contra mí allí donde tu alma me dice al corazón la palabra más leve.            Mis pies van despegados de rastros amarillos y escalan techos infatigados de mariposas  donde el sol, sin saberlo, se ha visto una mañana, deslumbrante...            Para amarte me he desgarrado el mundo de los hombros, y he quedado desierta en mar y estrella, sencilla como la claridad.            Aquí no hay geografía para manos ni espíritu. Estoy sobre el silencio y en el silencio mismo de una transmutación donde nada es orilla... AMANECIDA SOY UNA AMANECIDA del amor...           Raro que no me sigan centenares de pájaros picoteando canciones sobre mi sombrilla blanca. (Será que van cercando, en vigilia de nubes, la claridad inmensa donde avanza mi alma).           Raro que no me carguen pálidas margaritas por la ruta amorosa que han tomado mis alas. (Será que están llorando a su hermana más triste, que en silencio se ha ido a la hora del alba).           Raro que no me vista de novia la más leve de aquellas brisas suaves que durmieron mi infancia. (Será que entre los árboles va enseñando a mi amado los surcos inocentes por donde anduve, casta…)           Raro que no me tire su emoción el rocío, en gotas donde asome risueña la mañana. (Será que por el surco de angustia del pasado, con agua generosa mis decepciones baña).           Soy una amanecida del amor...           En mí cuelgan canciones y racimos de pétalos, y muchos sueños blancos, y emociones aladas.           Raro que no me entienda el hombre, conturbado por la mano sencilla que recogió mi alma. (Será que en él la noche se deshoja más lenta, o tal vez no comprenda la emoción depurada...) VIAJE ALADO HOY ME ACERCO a tu alma con las manos amarillas de pájaros. La mirada corriendo por el cielo, y una leve llovizna entre mis labios. Saltando claridades he recogido el sol en los tejados, y una nube ligera que pasaba me prestó sus sandalias de aire blando. La tierra se ha colgado a mis sandalias y es un tren de emoción hasta tus brazos, donde las rosas sin querer se fueron unidas a la ruta de mi canto. La tragedia del mundo de mi senda de amor se ha separado, y hay un aire muy suave en cada estrella removiéndome el polvo de los años. Hasta mi cara en vuelo las cortinas del mar se me treparon, y mis ojos se unieron a los ojos de todas las pupilas del espacio. Anudando emociones sorprendí una sonrisa entre mis manos caída desde el pájaro más vivo que se asomó a mirar mi viaje alado. Por encima del ruido de los hombres una larga ilusión se fue rodando, y dio a inclinar la sombra de mi mente en el rayo de luz de tu regazo. Como corola al viento, todo el cosmos abrióseme a mi paso, y se quedó en el pétalo más rosa de esta flor de ilusión que hasta ti alargo... SUEÑO DE PALABRAS HONDA, DE TI, me inundo el corazón de voces, mientras tú duermes sueño de palabras... ¡Amado! ¡Qué estrellado va el cielo! La rosa de la noche en las calle me mece. Ecos de golondrinas se aquietan en la nube. La sombra va danzando su dolor por los muelles. El mar se sale al viento en perfume salvaje. El ideal a ratos se sacude y florece... (Tu sueño de palabras va perdiendo su sueño. Mi corazón se expande en canciones celestes...) ¡Amado! ¡Entre las nubes se acarician los lirios! ¡En los labios del viento las canciones se duermen! ¡Las estrellas se guardan su lenguaje de luces! ¡El silencio se viste de rosales y fuentes! ¡Viene el tiempo corriendo su locura de viaje! ¡Mi pasión está fresca! ¡Mi emoción está leve! (El sueño de palabras ha dejado tus labios.) ¡No me hables! ¡Tus notas yo las quiero silvestres! POEMA PERDIDO EN POCOS VERSOS ¡Y SI DIJERAN que soy como devastado crepúsculo donde ya las tristezas se durmieron! Sencillo espejo donde recojo el mundo. Donde enternezco soledades con mi mano feliz. Han llegado mis puertos idos tras de los barcos como queriendo huir de su nostalgia. Han vuelto a mi destello las lunas apagadas que dejé con mi nombre vociferando duelos hasta que fueran mías todas las sombras mudas. Han vuelto mis pupilas amarradas al sol de su amor alba. ¡Oh amor entretenido en astros y palomas, cómo en rocío feliz cruzas mi alma! ¡Amarilla ciudad de mis tristezas: soy el verde renuevo de tus ramas! ¡Feliz! ¡Feliz! ¡Feliz! Agigantada en cósmicas gravitaciones ágiles, sin reflexión ni nada... NOCHE DE AMOR EN TRES CANTOS I Ocaso ¡CÓMO SUENA EN mi alma la idea de una noche completa en tus brazos diluyéndome toda en caricias mientras tú te me das extasiado!             ¡Qué infinito el temblor de miradas que vendrá en la emoción del abrazo, y qué tierno el coloquio de besos que tendré estremecida en tus labios!             ¡Cómo sueño las horas azules que me esperan tendida a tu lado, sin más luz que la luz de tus ojos, sin más lecho que aquel de tu brazo!             ¡Cómo siento mi amor floreciendo en la mística voz de tu canto: notas tristes y alegres y hondas que unirán tu emoción a tu rapto!             ¡Oh la noche regada de estrellas que enviará desde todos sus astros la más pura armonía de reflejos como ofrenda nupcial a mi tálamo! II Media Noche SE HA CALLADO la idea turbadora y me siento en el sí de tu abrazo, convertida en un sordo murmullo que se interna en mi alma cantando.             Es la noche una cinta de estrellas que una a una a mi lecho han rodado; y es mi vida algo así como un soplo ensartado de impulsos paganos. Mis pequeñas palomas se salen  de su nido de anhelos extraños y caminan su forma tangible hacia el cielo ideal de tus manos.             Un temblor indeciso de trópico nos penetra la alcoba. ¡Entre tanto, se han besado tu vida y mi vida... y las almas se van acercando!             ¡Cómo siento que estoy en tu carne cual espiga a la sombra del astro! ¡Cómo siento que llego a tu alma y que allá tú me estás esperando!             Se han unido, mi amor, se han unido nuestras risas más blancas que el blanco, y ¡oh milagro! en la luz de una lágrima se han besado tu llanto y mi llanto...             ¡Cómo muero las últimas millas que me ataban al tren del pasado! ¡Qué frescura me mueve a quedarme en el alba que tú me has brindado! III Alba ¡OH LA NOCHE regada de estrellas que envió desde todos sus astros  la más pura armonía de reflejos como ofrenda nupcial a mi tálamo!             ¡Cómo suena en mi alma la clara vibración pasional de mi amado, que se abrió todo en surcos inmensos donde anduve mi amor, de su brazo!             La ternura de todos los surcos se ha quedado enredando en mis pasos, y los dulces instantes vividos siguen, tenues, en mi alma soñando...             La emoción que brotó de su vida — que fue en mí manantial desbordado — ha tomado la ruta del alba y ahora vuela por todos los prados.             Ya la noche se fue; queda el velo que al recuerdo se enlaza, apretado, y nos mira en estrellas dormidas desde el cielo en nosotros rondando...             Ya la noche se fue; y a las nuevas emociones del alba se ha atado. Todo sabe a canciones y a frutos, y hay un niño de amor en mi mano.             Se ha quedado tu vida en mi vida como el alba se queda en los campos; y hay mil pájaros vivos en mi alma de esta noche de amor en tres cantos. ARMONÍA DE LA PALABRA Y EL INSTINTO TODO FUE MARAVILLA de armonías en el gesto inicial que se nos daba entre impulsos celestes y telúricos desde el fondo de amor de nuestras almas. Hasta el aire espigóse en levedades cuando caí rendida en tu mirada; y una palabra, aún virgen en mi vida, me golpeó el corazón, y se hizo llama en el río de emoción que recibía, y en la flor de ilusión que te entregaba. Un connubio de nuevas sensaciones elevaron en luz mi madrugada. Suaves olas me alzaron la conciencia hasta la playa azul de tu mañana, y la carne fue haciéndose silueta a la vista de mi alma libertada. Como un grito integral, suave y profundo estalló de mis labios la palabra; Nunca tuvo mi boca mas sonrisas, ni hubo nunca más vuelo en mi garganta! En mi suave palabra, enternecida, me hice toda en tu vida y en tu alma; y fui grito impensado atravesando las paredes del tiempo que me ataba; y fui brote espontáneo del instante; y fui estrella en tus brazos derramada. Me di toda, y fundiéndome por siempre en la armonía sensual que tu me dabas; y la rosa emotiva que se abría en el tallo verbal de mi palabra, uno a uno fue dándote sus pétalos, mientras nuestros instintos se besaban. CANCIÓN DESNUDA DESPIERTA DE CARICIAS, aún siento por mi cuerpo corriéndome tu abrazo. Estremecido y tenue sigo andando en tu imagen. ¡Fue tan hondo de instintos mi sencillo reclamo...! De mí se huyeron horas de voluntad robusta, y humilde de razones, mi sensación dejaron. Yo no supe de edades ni reflexiones yertas. ¡Yo fui la Vida, amado! La vida que pasaba por el canto del ave y la arteria del árbol. Otras notas más suaves pude haber descorrido, pero mi anhelo fértil no conocía de atajos: me agarré a la hora loca, y mis hojas silvestres sobre ti se doblaron. Me solté a la pureza de un amor sin ropajes que cargaba mi vida de lo irreal a lo humano, y hube de verme toda en un grito de lágrimas, ¡en recuerdo de pájaros! Yo no supe guardarme de invencibles corrientes ¡Yo fui la Vida, amado! La vida que en ti mismo descarriaba su rumbo para darse a mis brazos. ALTA MAR Y GAVIOTA POR TU VIDA yo soy... en tus ojos yo vivo la armonía de lo eterno. La emoción se me riega, y se ensancha mi sangre por las venas del mundo. No doy ecos partidos. Lo inmutable me sigue resbalando hasta el fondo de mi propia conciencia. En ti yo amo las últimas huidas virginales de las manos del alba, y armando lo infinito te quiero entre las puertas humanas que te enlazan. En ti aquieto las ramas abiertas del espacio, y renuevo en mi arteria tu sangre con mi sangre. ¡Te multiplicas!                           ¡Creces!                                        ¡Y amenazas quedarte                                       con mi prado salvaje! Eres loca carrera donde avanzan mis pasos, atentos como albas al sol germinativo que llevas en tu impulso. Por tu vida yo soy alta mar y gaviota: en ella vibro y crezco... TE QUIERO TE QUIERO... y me mueves el tiempo de mi vida sin horas.    Te quiero en los arroyos pálidos que viajan en la noche, y no termina nunca de conducir estrellas a la mar.   Te quiero en aquella mañana desprendida del vuelo de los siglos que huyó su nave blanca hasta el agua sin ondas donde nadaban tristes, tu voz y mi canción.    Te quiero en el dolor sin llanto que tanta noche ha recogido el sueño en le cielo invertido en mis pupilas para mirarte cósmica, en la voz socavada de mi ruido de siglos derrumbándose.   Te quiero (grito de noche blanca...) en el insomnio reflexivo de donde ha vuelto en pájaros mi espíritu.     Te quiero... Mi amor se escapa leve de expresiones y rutas, y va rompiendo sombras y alcanzando tu imagen desde el punto inocente donde soy yerba y trino. INSOMNE INSOMNE, MEDIANOCHE DE penas desvelándome el alma fuego de estrellas rojas sobre mis sueños blancos. Lo eterno persiguiéndome. Camino, en puntos suspensivos de dolor anudo tu distancia. El aire se me pierde. ¿Que te separa de mis ojos, destrozados y débiles? ¿Como no estas aquí, vida por mi poema, diluyéndote? ¿Por que te llevan de mis manos tiernas, que por no herirte, rozarían la muerte? ¿Por que nos tienden infeliz frontera, entre tu amor y mi alma que en ti crece? ¿Por que no ves mis lagrimas ahora, fieles como horizontes a tu suerte? Insomne, medianoche de lagrimas desvelándome el alma, y un millón de crepúsculos rompiéndose en mi frente... COLOQUIO SIDERAL ¡TE ADORÉ TANTO anoche!                                            —Me adoraste en ausencia. —¡Te besé tanto anoche!                                           —Me besaste en ausencia. —¡Te miré tanto anoche !                                           —Me miraste en ausencia. —¡Te adoré sin pensarte en la forma. Te besé sin sentirme en tu rostro. Te miré sin mirada y sin sol...                                           —¿Y eso es posible, amada? —Pregúntalo a la nube que cruzó por mi sueño y se posó en tu alma.                                           —¿Qué se posó en mi alma? —Cargada por la brisa, con la última nota de mi vida en canción...                                           —Y la brisa ¿qué hizo                                           al sentirte en sus prados? —Con los ojos turbados presenció mi invasión...                                           —¿Y no quiso besarte? —Sus labios no alcanzaron mi corazón en flor. Hubo de ver mi rostro en sonrisa de agua, contigo en la emoción...                                           —¿Y así llegaste, amada? —Así miré tu alma, te besé en la sonrisa, y adoré tu ilusión... YO FUI LA MÁS CALLADA YO FUI LA más callada de todas las que hicieron el viaje hasta tu puerto.            No me anunciaron lubricadas ceremonias sociales, ni las sordas campanas de ancestrales reflejos; mi ruta era la música salvaje de los pájaros que soltaba a los aires mi bondad en revuelo.            No me cargaron buques pesados de opulencia, ni alfombras orientales apoyaron mi cuerpo; encima de los buques mi rostro aparecía silbando en la redonda sencillez de los vientos.            No pesé la armonía de ambiciones triviales que prometía tu mano colmada de destellos: solo pesé en el suelo de mi espíritu ágil el trágico abandono que ocultaba tu gesto.            Tu dualidad perenne la marcó mi sed ávida. Te parecías al mar, resonante y discreto. Sobre ti fui pasando mis horarios perdidos. Sobre mí te seguiste como el sol en los pétalos.            Y caminé en la brisa de tu color caído con la tristeza ingenua de saberme en lo cierto: tu vida era profundo batir de inquietas fuentes en inmenso río blanco corriendo hacia el desierto.            Un día, por las playas amarillas de histeria, muchas caras ocultas de ambición te siguieron; por tu oleaje de lágrimas arrancadas al cosmos se colaron las voces sin cruzar tu misterio...            Yo fui la más callada. La voz casi sin eco. La conciencia tendida en sílaba de angustia, desparramada y tierna, por todos los silencios.            Yo fui la más callada. La que saltó la tierra sin más arma que un verso. ¡Y aquí me veis, estrellas, desparramada y tierna, con su amor en mi pecho! POEMA DE MI PENA DORMIDA CON LOS OJOS cerrados, amplia de voces íntimas, me detengo en el siglo de mi pena dormida. La contemplo en su sueño... Duerme su noche triste despegada del suelo donde arranca mi vida. Ya no turba la mansa carrera de mi alma ni me sube hasta el rostro en dolor de pupilas.   Encerrada en su forma, ya no proyecta el filo sensible de sus dedos tumbándome alegrías, en la armonía perfecta de mi canción erguida.   Ya no me parte el tiempo... Duerme su noche triste desde que tú te anclaste en la luz de mis rimas.   Recuerdo que las horas se rodaban en blanco sobre mi pena viva, cuando corría tu sombra por entre extrañas sombras, adueñado de risas.   Mi emoción esperaba.... Pero tuve momentos de locura suicida.   Un agitado viento de esperanza parece que me anuncia tu regreso. Entre el fuego de luna que me invade alejando crepúsculos te siento.   Estás aquí. Conmigo. Por mi sueño. ¡A dormirse se van ahora mis lágrimas por donde tú cruzaste entre mi verso! TE SEGUIRÉ CALLADA Te seguiré por siempre, callada y fugitiva, por entre oscuras calles molidas de nostalgia, o sobre las estrellas sonreídas de ritmos donde mecen su historia tus más hondas miradas. Mis pasos desatados de rumbos y fronteras no encuentran las orillas que a tu vida se enlazan. Busca lo ilimitado mi amor, y mis canciones de espalda a los estático, irrumpen en tu alma. Apacible de anhelos, cuando el mundo te lleve, me doblaré el instinto y amaré tus pisadas; y serán hojas simples las que iré deshilando entre quietos recuerdos, con tu forma lejana. Atenta a lo infinito que en mi vida ya asoma, con la emoción en alto y la ambición sellada, te seguiré por siempre, callada y fugitiva, por entre oscuras calles, o sobre estrellas blancas. CANCIÓN DE LA VERDAD SENCILLA NO ES ÉL el que me lleva… Es mi vida que en su vida palpita. Es la llamada tibia de mi alma que se ha ido a cantar entre sus rimas. Es la inquietud de viaje de mi espíritu que ha encontrado en su rumbo eterna vía.            Él y yo somos uno. Uno mismo y por siempre entre las cimas; manantial abrazando lluvia y tierra; fundidos en un soplo ola y brisa; blanca mano enlazando piedra y oro; hora cósmica uniendo noche y día.            Él y yo somos uno. Uno mismo y por siempre en las heridas. Uno mismo y por siempre en la conciencia. Uno mismo y por siempre en la alegría.            Yo saldré de su pecho a ciertas horas, cuando él duerma el dolor en sus pupilas, en cada eco bebiéndome lo eterno, y en cada alba cargando una sonrisa.            Y seré claridad para sus manos cuando se vuelquen a trepar los días, en la lucha sagrada del instinto por salvarse de ráfagas suicidas.            Si extraviado de senda, por los locos enjaulados del mundo, fuese un día, una luz disparada por mi espíritu le anunciará el retorno hasta mi vida.            No es él el que me lleva… Es su vida que corre por la mía. POEMA DE LA CITA ETERNA LO SABEN NUESTRAS almas, más allá de las islas y más allá del sol. El trópico, en sandalias de luz, prestó las alas, y tu sueño y mi sueño se encendieron. Se hizo la cita al mar... tonada de mis islas, y hubo duelo de lirios estirando colinas, y hubo llanto de arroyos enloqueciendo brisas, y hubo furia de estrellas desabriéndose heridas... Tú, y mi voz de los riscos, combatían mi vida. Se hizo al mar tu victoria, sobre palmas vencidas... Fue paisaje en lo inmenso una imagen de mar casi riachuelo, de río regresando, de vida, de tan honda, atomizándome. Y se dio cita eterna la emoción. El mar, el verdadero mar, casi ya mío... El mar, el mar extraño en su recinto... El mar ya quiere ser el mar sobremarino... EL MAR Y TÚ LA CARRERA DEL mar sobre mi puerta es sensación azul entre mis dedos, y tu salto impetuoso por mi espíritu es no menos azul, me nace eterno. Todo el color de aurora despertada el mar y tú lo nadan a mi encuentro, y en locura de amarme hasta el naufragio van rompiendo los puertos y los remos. ¡Si tuviera yo un barco de gaviotas, para sólo un instante detenerlos, y gritarle mi voz a que se batan en un sencillo duelo de misterio! Que uno en el otro encuentre su voz propia, que entrelacen sus sueños en el viento, que se ciñan estrellas en los ojos para que den, unidos, sus destellos. Que sea en el otro encuentre su voz propia, que entrelacen sus sueños en el viento, que se ciñan estrellas en los ojos para que den, unidos, sus destellos. Que sea un duelo de música en el aire las magnolias abiertas de sus besos, que las olas se vistan de pasiones y la pasión se vista de veleros. Todo el color de aurora despertada el mar y tú lo estiren en un sueño que se lleve mi barco de gaviotas y me deje en el agua de dos cielos. NO HAY ABANDONO SE HA MUERTO la tiniebla en mis pupilas, desde que hallé tu corazón en la ventana de mi rostro enfermo. ¡Oh pájaro de amor, que trinas hondo, como un clarín total y solitario, en la voz de mi pecho! No hay abandono... ni habrá miedo jamás en mi sonrisa. ¡Oh pájara de amor, que vas nadando cielo en mi tristeza...! Más allá de tus ojos mis crepúsculos sueñan bañarse en tus luces... ¿Es azul el misterio? Asomada en mí misma contemplando mi rescate, que me vuelve a la vida en tu destello... PROA DE MI VELERO DE ANSIEDAD ¡SI FUERA TODO mar, para nunca salirme de tu senda! ¡Si Dios me hiciera viento, para siempre encontrarme por tus velas! ¡Si el universo acelerara el paso, para romper los ecos de esta ausencia! Cuando regreses, rodará en mi rostro la enternecida claridad que sueñas. Para mirarte, amado, en mis ojos hay público de estrellas. Cuando me tomes, trémulo, habrá lirios naciendo por mi tierra, y algún niño dormido de caricia en cada nido azul que te detenga. Nuestras almas, como ávidas gaviotas, se tenderán al viento de la entrega, y yo, fuente de olas, te haré cósmico... ¡Hay tanto mar nadando en mis estrellas! Recogeremos albas infinitas, las que duermen al astro en la palmera, las que prenden el trino en las alondras y levantan el sueño de las selvas. En cada alba desharemos juntos este poema exaltado de la espera, y detendremos de emoción al mundo al regalo nupcial de auroras nuestras. CANTAR MARINERO ¡UNA VELA! ¡Una vela nadando en el mar! ¿Es el mar que ha salido a mirarme, o es mi alma flotando en el mar? ¡Una ola en la vela! ¡Una ola en la vela del mar! ¿Es mi amor que se trepa en el viento, o es tu vida en las alas del mar? ¡Una vela! ¡Una ola! ¡Dos sueños entre el cielo y el pecho del mar! ¿Es que el sol se ha calzado de espumas, o es que somos los brazos del mar? ¡Una vela! ¡Una ola! ¡Un naufragio en las blancas espaldas del mar! No hay un puerto que pueda alojarnos... ¡Remaremos el barco del mar! CASI ALBA CASI ALBA, como decir arroyo entre la fuente, como decir estrella, como decir paloma en cielo de alas. Esta noche se ha ido casi aurora, casi ronda de luna entre montañas, como una sensación de golondrina al picar su ilusión en una rama. Amanecer, sin alas para huirse, regreso de emoción hasta su alma, palomitas de amor entre mis manos que al asalto de amor subieron castas. Noche rasgada al tiempo repetido, detenida ciudad de esencias altas, como una claridad rompes mi espíritu, circundadas mi emoción como una jaula. Amor callado y lejos... Tímida vocecita de una dalia, así te quiero, íntimo, sin saberte las puertas al mañana, casi sonrisa abierta entre las risas, entre juego de luces, casi alba... DONDE COMIENZAS TÚ SOY OLA DE abandono, derribada, tendida, sobre un inmenso azul de sueños y de alas. Tú danzas por el agua redonda de mis ojos con la canción más fresca colgando de tus labios. ¡No la sueltes, que el viento todavía azota fuerte                            por mis brazos mojados, y no quiero perderte ni en la sílaba! Yo fui un día la gaviota más ave de tu vida. (Mis pasos fueron siempre enigma de los pájaros.) Yo fui un día la más honda de tus edades íntimas. (El universo entero cruzaba por mis manos.) ¡Oh día de sueño y ola…! Nuestras dos juventudes hacia el viento estallaron. Y pasó la mañana, y pasó la agonía de la tarde muriéndose en el fondo de un lirio y pasó la alba noche resbalando en los astros,                            exhibiéndose en pétalos y pasó mi letargo… Recuerdo que al mirarme con la voz derrotada, las dos manos del cielo me cerraron los párpados. Fue tan sólo una ráfaga, una ráfaga húmeda que cortó mi sonrisa y me izó en los crepúsculos entre caras de espanto. Tú nadabas mis olas retardadas e inútiles, y por poco me parto de dolor esperando… Pero llegaste, fértil, más intacto y más blanco. Y me llevaste, épico, venciéndote en tí mismo los caminos cerrados. Hoy anda mi caricia derribada, tendida, sobre un inmenso azul de sueños con mañana. Soy ola de abandono, y tus playas ya saltan certeras, por mis lágrimas. ¡Amante, la ternura desgaja mis sentidos… yo misma soy un sueño remando por tus aguas! CANCIÓN HACIA ADENTRO ¡NO ME RECUERDES! ¡Siénteme! Hay un sólo trino entre tu amor y mi alma. Mis dos ojos navegan el mismo azul sin fin donde tú danzas. Tu arco-iris de sueños en mí tiene siempre pradera abierta entre montañas. Una vez se perdieron mis sollozos, y los hallé, abrigados, en tus lágrimas. ¡No me recuerdes! ¡Siénteme! Un ruiseñor nos tiene en su garganta. Los ríos que me traje de mis riscos, desembocan tan sólo por tus playas. Hay confusión de vuelos en el aire... ¡El viento que nos lleva en sus sandalias ! ¡No me recuerdes! ¡Siénteme! Mientras menos me pienses, más me amas. AZUL A TIERRA EN TI PARECE MAR, EL cielo donde me he recostado a soñarte… Si vieras mi mirada, como un ave, cazando horizontes y estrellas. El universo es mío desde que tú te hiciste techo de mariposas para mi corazón. Es tan azul el aire cuando mueves tus alas, que el vuelo nace eterno, en repetida ola sin cansancio. No sé si en ola o nube abrirme la ternura para rodarme al sueño donde duermes. Es tan callado el viento, que he podido lograrte entre los ecos. Soy toda claridad para estrecharte… Te he visto con los ojos vivos como los ojos abiertos                de los bosques, figurándome en risas y quebradas nadando hasta el océano. Te he recogido en huellas de canciones marinas donde una vez dejaste corazones de agua enamorados. Te he sacado del tiempo… ¡Cómo te he levantado en un lirio de luz que floreció mi mano al recordarte! ¿Por qué me corre el mar? Tú eres vivo universo contestándome… VÍCTIMA DE LUZ AQUÍ ESTOY, desenfrenando estrella, desatada, buscando entre los hombres mi víctima de luz. A tí he llegado. Hay algo de universo en tu mirada, algo de mar sin playa desembocando cauces infinitos, algo de amanecido nostalgia entretenida en imitar palomas... Mirarte es verme entera de luz rodando en un azul sin barcos y sin puertos. Es inútil la sombra en tus pupilas... Algún soplo inocente debe haberse dormido en tus entrañas. Eres, entre las frondas, mi víctima de luz. Eso se llama amor, desde mis labios. Tienes que olvidar sendas, y disponerte a manejar el viento. ¡A mis brazos, iniciado de luz, víctima mía! Pareces una espiga debajo de mi alma, y yo, pleamar tendida bajo tu corazón. VELAS SOBRE UN RECUERDO TODO ESTÁTICO, menos la sangre mía y la voz mía, y el recuerdo volando. Todo el lecho en un cántico de fuego echando a andar las ondas del reclamo. La misma pared siente que ha bajado a llamarte entre mis labios. ¡Qué grandioso el silencio de mis dedos cuando toman el verso de los astros, que se cuelan en rápidas guirnaldas para esculpirte en luces por mis brazos! Va gritando tu nombre entre mis ojos, el mismo mar, inquieto y constelado. Las olas más infantes te pronuncian, al girar por mis párpados mojados. Todo es ágil ternura por mi lecho, entre cielos y ecos conturbados. Con tu sendero vivo en mi flor íntima, he movido lo estático... MI SENDA ES EL ESPACIO PARA HALLARTE ESTA noche las pupilas distantes, he dominado cielos, altamares, y prados. He deshecho el sollozo de los ecos perdidos... tengo el hondo infinito jugando entre mis manos. Siénteme la sonrisa. Es el último sueño de una espiga del alba que se unió a mi reclamo... Yo quiero que adelantes en espíritu y alas mi canción enredada de trinos y de pájaros. Te esperaré la vida. Levántame el ensueño. Mírame toda en ascuas. Recuéstate en mis labios. ¡Tan simple, que en mitades iguales de armonía, se rompieran a un tiempo tus lazos y mis lazos! Vuélvete la caricia. No quiero que limites tus ojos en mi cuerpo. Mi senda es el espacio. Recorrerme es huirse de todos los senderos... Soy el desequilibrio danzante de los astros. CANCIÓN AMARGA NADA TURBA MI ser, pero estoy triste. Algo lento de sombra me golpea, aunque casi detrás de esta agonía, he tenido en mi mano las estrellas. Debe ser la caricia de lo inútil, la tristeza sin fin de ser poeta, de cantar y cantar, sin que se rompa la tragedia sin par de la existencia. Ser y no querer ser... esa es la divisa, la batalla que agota toda espera, encontrarse, ya el alma moribunda, que en el mísero cuerpo aún quedan fuerzas. ¡Perdóname, oh amor, si no te nombro! Fuera de tu canción soy ala seca. La muerte y yo dormimos juntamente... Cantarte a ti, tan sólo, me despierta. ES UN ALGO DE SOMBRA COMO SI ENTRE mis pasos se paseara la muerte desde el cielo me miran consternados los astros. Algo esconde paisajes a mis ojos de sueño. Algo llueve en mi rostro las corolas del llanto. Algo flota en mi espíritu por encima de tu alma, algo grave y doliente que destroza mis párpados. ¿Definirlo? Las rosas de mi amor se conmueven, y no encuentran la nota de la pena en sus labios. La palabra no puede con mi carga de angustia, y no cabe en mi verso mi dolor exaltado. Es un algo de sombra desnutriendo mi vuelo, un temor de ser poca a la sed de tus brazos, de perderte una noche desde todas mis alas, sin un surco en la frente ni un adiós en las manos. ¡Oh la sed infinita de estrecharte y asirte, de escuchar que en tu vida soy montaña y soy llano, que si agreste, sintieras un anhelo de selva, bastarían los riscos que contienen mis pasos, que si a tus velas frágiles las destrozara el viento detendrías tu naufragio en mis lirios mojados, y si aún fuese la tierra poca senda a tus ansias, en mi verso de espumas hallarías tu barco! ¡Oh la sed infinita! ¡0h el temor de perderte! ¡Oh mis ojos, cubridme, rescatadme del llanto! ¡Contempladlo! En sus labios mis sonrisas se baten, y aún habita en su rostro mi recuerdo más casto. Ved la huella de estrellas que le enciende la frente, son las mismas, las mutuas estrellitas de antaño. ¡Perseguidlo! Aún es mío, aún las notas unidas de su voz y mi poema aletean el espacio. Aún recorre las nubes recogiendo mis lágrimas, por quitarle a mi río la ilusión de mi llanto. Aún se duerme en la noche sobre todas mis risas, constelando su sueño con mis trinos cerrados. ¡Oh mis ojos! Cerradle los caminos inciertos, que en las rutas perdidas lo conduzcan mis pájaros. POEMA DE LA ÍNTIMA AGONÍA ESTE CORAZÓN MÍO, tan abierto y tan simple, es ya casi una fuente debajo de mi llano. Es un dolor sentado más allá de la muerte. Un dolor esperando... esperando... esperando... Todas las horas pasan con la muerte en los hombros. Yo sola sigo quieta con mi sombra en los brazos. No me cesa en los ojos de golpear el crepúsculo, ni me tumba la vida como un árbol cansado. Este corazón mío, que ni él mismo se oye, que ni él mismo se siente de tan mudo y tan largo. ¡Cuántas veces lo he visto por las sendas inútiles recogiendo espejismos, como un lago estrellado! Es un dolor sentado más allá de la muerte, dolor hecho de espigas y sueños desbandados. Creyéndome gaviota, verme partido el vuelo, dándome a las estrellas, encontrarme en los charcos. ¡Yo que siempre creí desnudarme la angustia con solo echar mi alma a girar con los astros! ¡Oh, mi dolor, sentado más allá de la muerte! ¡Este corazón mío, tan abierto y tan largo! ENTRETANTO, LA OLA LAS SOMBRAS SE han echado a dormir sobre mi soledad. Mis cielos, víctimas de invasoras constelaciones ebrias, se han desterrado al suelo como en bandadas muertas de pájaros cansados. Mis puertos inocentes se van segando al mar, y ni un barco ni un río me carga la distancia. Sola, desenfrenada en tierra de sombra y de silencio. Sola, partiéndome las manos con el deseo marchito de edificar palomas con mis últimas alas. Sola, entre mis calles húmedas, donde las ruinas corren como muertos turbados. Soy agotada y turbia espiga de abandono. Soy desolada y lloro... ¡Oh este sentirse el alma más eco que canción! ¡Oh el temblor espumado del sueño a media aurora ¡Oh inútilmente larga la soledad siguiendo mi camino sin sol! Entretanto, la ola, amontonando ruidos sobre mi corazón. Mi corazón no sabe de playa sin naufragios. Mi corazón no tiene casi ya corazón. Todo lo ha dado, todo... Es gesto casi exacto a la entrega de Dios. Entretanto, la ola... Todo el musgo del tiempo corrompido en un éxtasis de tormenta y de azote sobre mi ancho dolor. Tronchadas margaritas soltando sus cadáveres por la senda partida donde muero sin flor. Pechos míos con lutos de emoción, aves naufragas arrojadas del cielo, mutiladas, sin voz. Todo el mundo en mi rostro, y yo arrastrada y sola, matándome yo misma la última ilusión. Soy derrotada... Alba tanto distante, que hasta mi propia sombra con su sombra se ahuyenta. Soy diluvio de duelos, toda un atormentado desenfreno de lluvia, un lento agonizar entre espadas perpetuas. ¡Oh intemperie de mi alma! ¡En qué ola sin nombre callaré tu poema! LLUVIA ÍNTIMA LAS CALLES DE mi alma andan desarropadas. La emoción va desnuda tras la sombra acostada del anhelo. Hay vientos azotando cercano a mi conciencia. El cielo de mi mente amenaza estallar, para soltar el hondo dolor amontonado en noches inocentes, sobre el otro dolor de ser ola sin playa donde reposar lágrimas. Mi dolor va vendado de llanto entre mis ojos, busca mares de espíritu donde navegar íntimos                     motivos de tragedia, quiere crecer, crecer, hasta doblarme el grito, y derrumbarme en ecos por la tierra. NAUFRAGIO DE UN SUEÑO ¡CORRE, QUE SE me muere, que se me muere el sueño! Tanto que lo cuidamos, y el pobrecito, enfermo, hoy me yace en los párpados, arropado de versos. ¡Corre, que se me muere, que de avivarle el pecho, mis ojos ya no pueden recoger más luceros! Ya los luceros, tímidos, se me esconden de miedo, a la intemperie, solo, se matará mi sueño... Yo lo conozco, amado, ya me expira en el verso... ¡Corre, que se me muere, y me ha pedido el cuerpo! EXALTACIÓN AL HOY AMOR... única llama que me queda de Dios en el sendero cierto de lo incierto. Aquí, desesperada, me contemplo la vida en un hueco del tiempo. Entrecortando pasa el sendero de luz que esperancé de sueño. ¡Oh mañanas azules que se quedaron muertas, volando en el espacio! ¡Oh anudada caricia que amaneces dispersa, cuando despierta el cuerpo! ¡Oh querer desterrarme de mis pasos turbados...! ¡Multiplican en ecos! Aquí, junto al continuo gravitar de la nada, ¡cómo asaltan mi espíritu los silencios más yermos! Mi esperanza es un viaje flotando entre sí misma... Es una sombra vaga sin ancla y sin regreso. Mis espigas no quieren germinar al futuro. ¡Oh el peso del ambiente! ¡Oh el peso del destierro! ¡Amor...! Hasta la leve ronda de tu voz perturbada, me partió la ola blanca que quedaba en mi pecho. YA NO ES MÍO MI AMOR SI MI AMOR es así, como un torrente, como un río crecido en plena tempestad, como un lirio prendiendo raíces en el viento, como una lluvia íntima, sin nubes y sin mar... Si mi amor es de agua, ¿por qué a rumbos inmóviles lo pretenden atar? Si mi amor rompe suelos, disuelve la distancia como la claridad, ataja mariposas al igual que luceros, y cabalga horizontes como cruza un rosal... Si el universo es átomo siguiéndome las alas, ¿por qué medirme el trino cuando rompe a cantar? Si mi amor ya no es mío, es yo misma borrando las riberas del mar, yo inevitablemente y fatalmente mía, germinándome el alma en mis albas de paz... Si mi amor ya no roza fronteras con mi espíritu... ¿qué canción sin su vida puede ser en mi faz? ¡Si mi amor ya no es mío! Es tonada de espumas en los labios del mar... DADME MI NÚMERO ¿Qué es lo que esperan? ¿No me llaman? ¿Me han olvidado entre las yerbas, mis camaradas más sencillos, todos los muertos de la tierra? ¿Por qué no suenan sus campanas ? Ya para el salto estoy dispuesta. ¿ Acaso quieren más cadáveres de sueños muertos de inocencia? ¿Acaso quieren más escombros de más goteadas primaveras, más ojos secos en las nubes, más rostro herido en las tormentas? ¿Quieren el féretro del viento agazapado entre mis greñas? ¿Quieren el ansia del arroyo, muerta en mi muerte de poeta? ¿Quieren el sol desmantelado, ya consumido en mis arterias ? ¿Quieren la sombra de mi sombra, donde no quede ni una estrella? Casi no puedo con el mundo que azota entero mi conciencia... ¡Dadme mi número! No quiero que hasta el amor se me desprenda… (Unido sueño que me sigue como a mis pasos va la huella.) ¡Dadme mi número, porque si no, me moriré después de muerta! POEMA DE LA ESTRELLA REINTEGRADA HABÍA UNA VEZ una estrella que se murió de puro miedo, las golondrinas la encontraron, las margaritas la entreabrieron, y fue una fiesta en el rocío, cuando ascendió cantando un verso, todos los ríos la besaron, todas las albas la siguieron... Eso me dijo la mañana que se internó por mi sendero, lo repitió la tarde blanca, y entre la noche danza en ecos. Yo se la historia de esa estrella... Su caída breve fue en mi pecho. (Por poco el mar enluta todo con el color de un sueño muerto.) Pero ya hay fuentes por mi alma, para mi barco hay pasajeros, vuelan gaviotas sobre mi alma, y hasta en mis ojos hay veleros. Amo el dolor que se me escapa por donde viene mi gran sueño... Uno me eleva para el alma, otro me salva para el tiempo. ¡Dolor y amor! De las estrellas, juntos bajaron a mi encuentro. Dos horizontes apretados que se me funden alma adentro... “Había una vez una estrella...” ¡Que inmenso es ser el creerse muerto! ¡OH LENTITUD DEL MAR! HE TENIDO QUE dar, multiplicarme, despedazarme en órbitas complejas... Aquí en la intimidad, conmigo misma, ¡qué sencillez me rompe la conciencia! Para salvarme el mundo del espíritu, he tenido que armar mis manos quietas,  ¡cómo anhelo la paz, la hora sin ruido, cuando nada conturbe mi existencia! Todo sonar se ha muerto en mis pupilas, a mis ojos no inquietan las estrellas, los caminos son libres de mi rumbo, y hasta el nombre del mar, sorda me deja. ¡Y aún me piden canciones por palabras, no conciben mi pulso sin poemas, en mi andar buscan, trémulos, los astros, como si yo no fuese por la tierra! ¡Oh lentitud del mar! ¡Oh el paso breve con que la muerte avanza a mi ala muerta! ¿Cómo haría yo para salvarte el tiempo? ¿Qué me queda del mundo? ¿Que me queda...? ¡OH MAR, NO ESPERES MÁS TENGO CAÍDO EL sueño, y la voz suspendida de mariposas muertas. El corazón me sube amontonado y solo a derrotar auroras en mis párpados. Perdida va mi risa  por la cuidad del viento más triste y desbastada. Mi sed camina en ríos agotados y turbios, rota y despedazándose. Amapolas de luz, mis manos fueron fértiles tentaciones de incendio. Hoy, cenizas me tumban para el nido distante. ¡ Oh mar, no esperes más ! Casi voy por la vida como gruta de escombros. Ya ni el mismo silencio se detiene en mi nombre. Inútilmente estiro mi camino sin luces. Como muertos sin sitio se sublevan mis voces. ¡ Oh mar, no esperes más ! Déjame amar tus brazos con la misma agonía con que un día nací. Dame tu pecho azul, y seremos por siempre el corazón del llanto... POEMA PARA LAS LÁGRIMAS CORNO CUANDO SE abrieron por tus sueños mis párpados, rota y cansadamente, acoge mi partida. Como si me tuvieras nadando entre tus brazos, donde las aguas corren dementes y perdidas. Igual que cuando amaste mis ensueños inútiles, apasionadamente, despídeme en la orilla... Me voy como vinieron a tus vuelos mis pájaros, callada y mansamente, a reposar heridas. Ya nada más detiene mis ojos en la nube... Se alzaron por alzarte, y ¡qué inmensa caída! Sobre mi pecho saltan cadáveres de estrellas que por ríos y por montes te robé, enternecida. Todo fue mi universo unas olas volando, y mi alma una vela conduciendo tu vida... Todo fue mar de espumas por mi ingenuo horizonte... Por tu vida fue todo, una duda escondida. ¡Y saber que mis sueños jamás solos salieron por los prados azules a pintar margaritas! ¡Y sentir que no tuve otra voz que su espíritu! ¡Y pensar que yo nunca sonreí sin su risa! ¡Nada más! En mis dedos se suicidan las aves, y mis pasos cansados ya no nacen espigas. Me voy como vinieron a tu techo mis cielos... fatal y quedamente, a quedarme dormida... Como el descanso tibio del más simple crepúsculo, naturalmente trágico, magistralmente herida. Adiós. Rézame versos en las noches muy largas.. En mi pecho sin lumbre ya no cabe la vida... LETANÍA DEL MAR MAR MÍO, mar profundo que comienzas en mí., mar subterráneo y solo de mi suelo de espadas apretadas. Mar mío, mar sin nombre, desfiladero turbio de mi canción despedazada, roto y desconcertado silencio transmarino, azul desesperado, mar lecho, mar sepulcro... Azul, lívido azul, para mis capullos ensangrentados, para la ausencia de mi risa, para la voz oculta de mi muerte con poemas... Mar mío, mar lecho, mar sin nombre, mar a deshoras, mar en la espuma del sueño, mar en la soledad desposando crepúsculos, mar viento descalzando mis últimos revuelos, mar tú, mar universo... POEMA CON LA TONADA ÚLTIMA ¿QUE ADÓNDE VOY con esas caras tristes y un borbotón de venas heridas en mi frente? Voy a despedir rosas al mar, a deshacerme en olas más altas que los pájaros, a quitarme caminos que ya andaban en mi corazón como raíces... Voy a perder estrellas, y rocíos, y riachuelitos breves donde amé la agonía que arruinó          mis montañas y un rumor de palomas especial, y palabras... Voy a quedarme sola, sin canciones, ni piel, como un túnel por dentro, donde el mismo silencio          se enloquece y se mata. POEMA DEL HIJO NO NACIDO COMO NACISTE PARA la claridad te fuiste no nacido. Te perdiste sereno, antes de mí, y cubriste de siglos la agonía de no verte. No quisiste la orilla de la angustia ni el porqué de unas horas que pasan lentamente en la vida, sin dejar un sollozo, ni un recuerdo, ni nada. No quisiste la aurora. Ni quisiste la muerte. Rechazaste el olvido, y en la flauta del aire avanzaste perpetuo. No quisiste el amor en féretro de olas ni quisiste el silencio que deja el túnel breve donde ha dormido el hombre. Tuyo, inmensamente tuyo, como naciste para la claridad te fuiste no nacido, nardo entre dos pupilas que no supieron nunca separar el eco de la sombra. Manantial sin rocíos lastimeros, pie fértil caminando para siempre en la tierra. TE LLEVARÁN PARA ESE DÍA de sombra que llegará, amor mío, no risco volcado dentro de un manantial, ese día de espanto y pañuelos al viento catemos desde ahora, que la vida se va. Cantemos, sí, cantemos, que al cantarle al silencio, a la sorda derrota y a la impar soledad, venceremos la muerte, venceremos la nada, y a la cumbre del tiempo nuestras almas irán. Cantemos, si, cantemos, que hay un solo minuto uno sólo aguardando nuestro mundo cruzar: ese minuto trágico que hace tiempo nos ronda su oferta de lágrimas y mañanas sin paz. ¡Te llevarán! Los ecos del viento me lo dicen, los labios del mar lloran que sí. ¡Te llevarán! Partirás, y mis ojos que tanto te nutrieron, bajarán quedamente a nutrir a la mar. Podrás amarme en sueños, pero mi voz, mi risa, ojos con riachuelos, de ti se ocultarán. Puede estrecharte el eco que ha estrechado mi nombre desde mis labios, ¡nunca mis labios besarás! Y cuando se alce el ruido marino, entre las noches apagadas y crueles de tu pena inmortal, mi fiel camino de olas llevará hasta tu sueño la ternura que mi alma te ha salvado del mar. Amado, mis verdugos ya me han medido el paso, el color de mis huellas conocen, y mi ajuar: el pudor duerme nupcias eternas con la forma; hacia el alma es muy largo el camino que andar. ¡Te llevarán! Para esa eternidad de llanto cantemos desde ahora que la vida se va. Para ese día de espanto y pañuelos al viento la canción de la muerte nos llegara del mar. TRES CAMINOS TRES CAMINOS ME duelen... Tú, mi madre y el río. Una dulce sonrisa se hizo horizonte triste en mi cielo angustiado desde que Ella partió inocente y feliz hacia su alba perpetua. Tú te tragaste el grito de mi existencia cósmica, con capullos, palomas y rocíos, y lastimantes lágrimas, y tal vez una sombra de mis voces felices. Entre mi soledad desarropada, tú, nostalgia incansable de ayeres y futuros, solo entre sombra y eco, labio del infinito que te inundas profundo en el azul que es mío. Tú, solamente tú, Río Grande de Loíza, podrá darme la risa para el camino eterno, allá bajo tus aguas. DESDE ADENTRO ES UN LAMENTO. Es un grito sin lágrimas. Desde adentro, Desde el fondo de todo lo inevitable. Desde el sollozo en espiral de espadas. Desde la rama trágica de un silencio perfecto. Desde el azul caído en los pies de la noche. Desde la tempestad de un sueño solitario. Desde ti y desde mí grita un lamento sin lágrimas diciendo: ¡Adiós! POEMA PARA MI MUERTE Ante un anhelo NO MORIR CONMIGO misma, abandonada y sola, en la más densa roca de una isla desierta. En el instante un ansia suprema de claveles, y en el paisaje un trágico horizonte de piedra. Mis ojos todos llenos de sepulcros de astro, y mi pasión, tendida, agotada, dispersa. Mis dedos como niños, viendo perder la nube y mi razón poblada de sábanas inmensas. Mis pálidos afectos retornando al silencio —¡hasta el amor, hermano derretido en mi senda! — Mi nombre destorciéndose, amarillo en las ramas, y mis manos, crispándose para darme a las yerbas. Incorporarme el último, el integral minuto, y ofrecerme a los campos con limpieza de estrella doblar luego la hoja de mi carne sencilla, y bajar sin sonrisa, ni testigo a la inercia. Que nadie me profane la muerte con sollozos, ni me arropen por siempre con inocente tierra; que en el libre momento me dejen libremente disponer de la única libertad del planeta. ¡Con qué fiera alegría comenzarán mis huesos a buscar ventanitas por la carne morena y yo, dándome, dándome, feroz y libremente a la intemperie y sola rompiéndome cadenas! ¿ Quién podrá detenerme con ensueños inútiles cuando mi alma comience a cumplir su tarea, haciendo de mis sueños un amasijo fértil para el frágil gusano que tocará a mi puerta ? Cada vez más pequeña mi pequeñez rendida, cada instante más grande y más simple la entrega; mi pecho quizás ruede a iniciar un capullo, acaso irán mis labios a nutrir azucenas. ¿Cómo habré de llamarme cuando sólo me quede recordarme, en la roca de una isla desierta? Un clavel interpuesto entre el viento y mi sombra, hijo mío y de la muerte, me llamarán poeta. AGUA, VIDA Y TIERRA YO FUI ESTALLIDO fuerte de la selva y el río, y voz entre dos ecos, me levanté en las cuestas. De un lado me estiraban las manos de las aguas, y del otro, prendíanme sus raíces las sierras. Cuando mi río subía su caricia silvestre en aventuras locas con el rocío y la niebla, con el mismo amor loco que impulsaba mi sueño, lejos de sorprenderlo, me hospedaba en las sierras. Pero si alguna sombra le bajaba a los ojos, me repetía en sus aguas hasta dar en la arena, y era mi grito nuevo como un tajo en el monte que anegaba las calles y golpeaba las puertas. A veces la montaña se me vestía de flores e iniciaba en mi talle curvas de primavera. Quién sabe en qué mañana se apretaron mis años sobre senos y muslos y caderas de piedra! Se treparon mis ojos al rostro de los árboles y fueron mariposas sus vivas compañeras: así es como en los prados voy buscando las flores, y alas pido en las almas que a mi vida se acercan. Mis dedos arañaron la fuerza de los riscos, y juraron ser índices de mis futuras vueltas; por eso entre los cuerpos doblados de los hombres, como puntales puros de orientación se elevan. Yo fui estallido fuerte de la sierra y el río, y crecí amando el río e imitando la sierra... Una mañana el aire me sorprendió en el llano: ya mi raíz salvaje se soltaba las riendas! Pálidas ceremonias saludaron mi vida, y una fila de voces reclamaron la prenda... Mis labios continuaron el rumor de las fuentes donde entrañé mis años y abastecí las venas. De ahí mi voz de ahora, blanca sobre el lenguaje, se tiende por el mundo como la dio  la tierra! EL RIVAL DE MI RÍO YO TE FUI contemplando desde la carne al alma, y me sentí culpable de un extraño delito que me subía a los ojos en chispeantes miradas, y se rompía en mi rostro en rubor infinito. De pronto fue tornándose en pájaro mi boca, y un sentimiento cósmico inundó mis sentidos; me escondí en el secreto que estalló en tus pupilas, y adiviné en tu rostro al rival de mi río. ¡Río Grande de Loíza!... Alárgate en su vida. ¡Río Grande de Loíza!... Alárgate en su espíritu, a ver si te descubres en la flor de su alma, o en el sol de sus ojos te contemplas tu mismo. El tiene en sus caricias el gesto de tu abrazo, y en sus palabras cuelgan rumores parecidos al lenguaje que llevas en tu boca de agua desde el más quieto charco al más agreste risco. Tú me besaste un día despertándome el alma; él también me ha besado con un beso tan límpido, que no se allá en mi espíritu si posar extasiada en el beso del hombre o en el beso del río. ¡Quién sabe si al vestirme con mi traje de carne, y al sentirte enroscado a mi anhelo más intimo, surgiste a mi presencia en el río de sus ojos, para entregarte, humano, y sentirte más mío! ¡Quién sabe si al bajarte del lomo de la tierra para besarme toda en un loco delirio, te humanizaste en su alma, y brotaste en corrientes que una a una en mi tierra de emoción hizo nido! ¡Oh rival de mi río!... ¿De dónde me llegaste? ¿En algún país remoto te bañaste conmigo mientras en otra playa, con alguna doncella se entregaba en amores mi voluptuoso río? ¿Me sorprendiste acaso en algún aguacero violando claridades y callando suspiros, portavoz ambulante de una raza de agua que me subió a las venas en un beso del río? ¡Río Grande de Loíza!... Yo lo fui contemplando desde la carne al alma: ese fue mi delito. Un sentimiento cósmico estremeció mi vida, y me llego el amor... tu rival presentido. EL ENCUENTRO DEL HOMBRE Y EL RÍO RECUERDO QUE LOS árboles recogieron sus sombras, pálidos como sueños paralelos a mi alma. Nubes recién bañadas se asomaron a verme y un silencio de pájaros adornó mi llegada. (Aparecía en el valle la luz de aquella niña que venía por las tardes a seguir las quebradas. La novia del Río Grande dibujaba a lo lejos su rostro hecho de plumas y caricias de agua. Volvía la amante suave, por los ojos del río, la adolescente frágil que su cuerpo entregaba, la que se fuera en las noches a espiar las estrellas, y que un día entre los hombres su vestido enredara.) Mariposas que nunca levantaron el vuelo fueron a dar al río la noticia anhelada. Cuentan las margaritas que por breves momentos la emoción de mirarme le detuvo las aguas. (Desde aquel vago instante en que perdí su senda, no levantó los ojos, ni enamoró más algas. Me imaginaba siempre jugando en las orillas, o dormida de amor, sobre su blanda espalda. Envuelta en el misterio de ser mujer o sueño, yo caminaba a ciegas sobre mi propia alma. De frente, mi amor loco por el río se encendía, y a mi lado, mi amante, la emoción me inundaba. Cuando perdí en mis pasos el impulso del río, me le solté a la vida con voz desesperada, y ya dura de golpes, sorprendí entre mis años, una mano que en luces mi dolor levantaba. Yo le amé, por sus hondas incursiones celestes, que callaron el hondo silencio de mi alma, y noté que mis venas se poblaban de instintos cada vez que sus brazos con mis brazos rozaban. Su amor fue recogiendo los vírgenes paisajes que al río, en su locura de amor, se le olvidaran; y la humana corriente que saltó de su anhelo, fue más ancha que el mar, y más fuerte que el agua. Recuerdo que algún día yo le hablé de mi río, y una como tormenta se agitó en sus entrañas. No sé si fue mi pecho que tembló de recuerdo, o si fueron mis ojos que asomaron nostalgias. Me tomó de la mano como flor de misterio, y siguió los guijarros que un día desandará. Así fue que los valles recobraron inquietos la chiquilla silvestre del sendero de plata. Por un instante el alma se me fue de los pasos, y me olvidé la vida, y me doblé las alas: por entre las cortinas de extraviados relámpagos, enteros de verdad, hombre y río se miraban... ¡Nunca tuvo más fuentes la bondad de mi amante! ¡La locura del río nunca tuvo más alma! Los dos, claros de fuerza, se amaron en mi espíritu, y besaron a un tiempo, mi emoción que lloraba. Unos juncos morados que a mi lado dormían recogieron el eco de unos labios de agua: dicen lirios ingenuos que los juncos sensibles nunca se despertaron por no herir la montaña. (Tal vez en lo más íntimo del corazón del río presenciaron los lirios una muerte de alma...) MI MADRE Y EL RÍO CASI HUMANOS, LOS gritos de la noche se fueron. Ella me alzó de un salto con su mano de estrella. Fue tu risa tendida su primavera caricia en mi aurora, ¡Oh mi río, consternado de ausencia! Mis muñecas se hicieron de tus juncos morados, mis cabellos de viaje, de tus ondas inquietas. Ella no quiso verme si no rodando en oro por el beso amarillo de tus aguas abiertas. En tus fuentes nacieron, a la sed de los lirios, las luciérnagas vivas de mi castas entregas. Ella no fue trenzando mis espigas de sueños para otra armonía que tu anhelo poeta. En tus iras de agua te soltaba, las manos enredadas al ancla silvestre de las piedras. Ella quiso ver libre tus arterias paganas para cuando mi sangre por tu cuerpo subiera. Su sollozo en tus labios era brisa de pájaro fatalmente instruyendo mi destino en tu senda Ella te fue educando a mi amor, y fue blanca en sus espaldas tibias nuestra cita primera. Casi humanos, los gritos me penetran la carne. Ella se fue, ¡oh mi consternado de ausencia! Se me fue de las manos como rosa extraviada y me dejó en el alma toda ella en esencias... Nunca olvido tus ojos de paloma perdida, cuando conmigo en brazas se tardaba en las yerbas; vivía los sueños mudos de mi ingenio noviazgo como una santa loca sujetada en la tierra. ¡Oh, mi río! ¡Oh, mi río! Por su amor me detuve largas mañanas ágiles a buscarte en la niebla, por su amor fui buscándote en los rostros más puros, hasta amarte en el hombre que logró mi conciencia. Ella se fue ¡Oh, mi río!, como trino cerrado: la siguieron mil pájaros recogiendo sus huellas. Su capricho de rara soledad en mí tuvo lluvias hondas, en pueblos de emociones inéditas. ¡Oh mi río! ¡Oh mi llanto! Vuestras aguas crecidas se estarán encontrando ¡en qué mar de tragedia! ¡En qué suelo sin pájaros que liberten la angustia estarán naufragando nuestras nubes inmensas! ¡Oh, mi río, tus ojos pueden más horizontes que las brisas partidas de mis manos pequeñas! ¡Por tu anhelo de verte perpetuado en mi carne busca el santo espejismo donde su alma se espera! Ella sé que me quiere abrazar en tus brazos: me lo dijo una noche, asaltada de estrellas. Su ternura intangible traspasada mis formas, y, ¡Oh mi río! es la hora de adornarle la senda. ¡Oh los gritos humanos! ¡Cómo parten mi sangre! ¡Oh mi río, libértala de su ancla de tierra! No le digas que sigo atajada en el suelo. Que me busque en los astros o en la voz de las selvas. EL HOMBRE Y MI ALMA ¡QUÉ CARICIA LARGA de acción me sube por las venas anchas de recorrerme! Me veo inmóvil de carne esperando la lucha entre el hombre y mi alma, y me siento invencible, porque mi ahora es fuerte columna de avanzada en la aurora que apunta, es grito de corazón vacío en la nave del mundo, es esfuerzo de ola tendido en playa firme para arrasar calumnias de las conciencias rotas. Entre el hombre y mi alma se ha cruzado la espada... (La mente es una intérprete que traduce la fuerza en ideas que avanzan.) De mi lado se bate la conciencia del hombre en un sol de principios sobre el soy de las almas. En la mano del hombre se defiende la hueca escultura de normas sobre el tiempo moldeada. Ha sonado la lucha... Y me siento intocada... Estoy sobre los siglos con fiereza de olas... ¡Nadie palpe la sombra que mi impulso ahuyentara! CANCIÓN DE MI SOMBRA MINÚSCULA A VECES LA vida me quiere estallar en canciones de angustia inesperada! Yo quisiera quedarme en el secreto de mis penas punzantes como estrellas, pero mi alma no puede alcanzar el silencio del poema sin palabras, y salta por mis labios hecha polvo de vibraciones íntimas. Hay una sola puerta abierta en el camino a donde va mi vida desconocida de sonrisas. Me echo a buscar su rastro, como si el cosmos se hubiese concentrado en su energía y hasta ella fuese mi emoción hecha pedazos de mariposas destrozadas. Mi emoción rueda ahora por una de esas islas salvajes de dolor. Me he sentido llegar allí donde se mueren las canciones felices, y el dolor se da cita con la pintura transparente del cielo. Me duele aquella rosa prematura que se cayó en mis ojos herida por los pétalos rosados; y la última mirada de una novia del aire que se murió de castidad al sentirse de carne para el beso del hombre. Sangra en el dolor del atardecer caído en mis espaldas la pena del crepúsculo que no volverá a enamorar la margarita pálida del bosque. Solloza de misterio en mi vuelo de nube una gota de lagrima que se subió al espacio llevada por una espiga de rocío. Todo el dolor que rueda en el instante abandonado viene a danzar su ritmo en mi carne atormentada de ansiedad cósmica. Y la emoción me estalla en canciones inútiles, dentro de este espejismo de grandeza de donde parte, minúscula, mi sombra... POEMA DEL RUMBO NUEVO IBA FIEL LA tormenta sobre mi alma cansada cuando te apareciste con ternura de estrella. Las ráfagas huyeron del suelo y de mis llantos y me quedé dormida en tus luces inmensas. Desperté luego en sueños inocentes y alados, y partí con tu mano a incendiar primaveras. Caminitos infantes entreabrieron sus almas, y mi dieron, resueños, sus pisadas primeras. Nuevos soles brotaron de la fa faz del espacio, y hubo como una senda de Dios sobre mi senda. Y juntitos subimos al rincón de lo grande para izarnos de amor sobre nuevas esferas. TENGO EL DESESPERANTE SILENCIO DE LA ANGUSTIA TENGO EL DESESPERANTE silencio de la angustia y el trino verde herido... ¿Por qué persiste el aire en no darme el sepulcro? ¿Por qué todas las músicas no se rompen a un tiempo a recibir mi nombre? —¡Ah, sí, mi nombre, que me vistió de niña y que sabe el sollozo que me enamora el alma! A JOSÉ MARTÍ YO VENGO DE la tierra mitad de tu destino; del sendero amputado al rumbo de tu estrella; del último destello del resplandor andino que se extravió en la sombra, perdido por tu huella. Yo vengo de una isla que tembló por tu trino, que hizo tu alma más fuerte, tu llamada más bella a la que diste sangre, como diste camino (que al caer por tu Cuba, ya caíste por ella). Y por ella, la América debe un soplo a tu lumbre, tu tiniebla hace un nudo de dolor en tu cumbre, recio dios antillano, pulso eterno, Martí. ¡Porque tengamos cerca de la muerte un consuelo, Puerto Rico, mi patria, te reclama en su suelo, y por su voz herida se conduce hacia ti! AGUA, VIDA Y TIERRA Yo fui estallido fuerte de la selva y el río, y voz entre dos ecos, me levanté en las cuestas. De un lado me estiraban las manos de las aguas, y del otro, prendíanme sus raíces las sierras. Cuando mi río subía su caricia silvestre en aventuras locas con el rocío y la niebla, con el mismo amor loco que impulsaba mi sueño, lejos de sorprenderlo, me hospedaba en las sierras. Pero si alguna sombra le bajaba a los ojos, me repetía en sus aguas hasta dar en la arena, y era mi grito nuevo como un tajo en el monte que anegaba las calles y golpeaba las puertas. A veces la montaña se me vestía de flores e iniciaba en mi talle curvas de primavera. Quién sabe en qué mañana se apretaron mis años sobre senos y muslos y caderas de piedra! Se treparon mis ojos al rostro de los árboles y fueron mariposas sus vivas compañeras: así es como en los prados voy buscando las flores, y alas pido en las almas que a mi vida se acercan. Mis dedos arañaron la fuerza de los riscos, y juraron ser índices de mis futuras vueltas; por eso entre los cuerpos doblados de los hombres, como puntales puros de orientación se elevan. Yo fui estallido fuerte de la sierra y el río, y crecí amando el río e imitando la sierra... Una mañana el aire me sorprendió en el llano: ya mi raíz salvaje se soltaba las riendas! Pálidas ceremonias saludaron mi vida, y una fila de voces reclamaron la prenda... Mis labios continuaron el rumor de las fuentes donde entrañé mis años y abastecí las venas. De ahí mi voz de ahora, blanca sobre el lenguaje, se tiende por el mundo como la dio  la tierra! CANCIÓN HACIA ADENTRO ¡No me recuerdes!  ¡Siénteme! Hay un sólo trino entre tu amor y mi alma. Mis dos ojos navegan el mismo azul sin fin donde tú danzas. Tu arco-iris de sueños en mí tiene siempre pradera abierta entre montañas. Una vez se perdieron mis sollozos, y los hallé, abrigados, en tus lágrimas. ¡No me recuerdes! ¡Siénteme! Un ruiseñor nos tiene en su garganta. Los ríos que me traje de mis riscos, desembocan tan sólo por tus playas. Hay confusión de vuelos en el aire… ¡El viento que nos lleva en sus sandalias ! ¡No me recuerdes! ¡Siénteme! Mientras menos me pienses, más me amas. VOCES PARA UNA NOTA SIN PAZ Para Julia de Burgos por Julia de Burgos Será presente en ti tu manantial. Estarás en las ramas del universo entero. Déjame que te cante como cuando eras mía en la llovizna fresca del primer aguacero. Tu mano en semi-luna, en semi-sol y en todo se refugiaba núbil, sobre la mano mía. Porque yo te cuidaba, hermanita silvestre y sabes que lloraba en tus claras mejillas. Será presente en ti tu manantial sin sombras. Estarás en las ramas del universo entero. Pero ¿dónde dejaste tu paz?  « En cada herida» me contestan tus ojos anegados por dentro. Déjame que te cante como cuando eras mía, hermanita silvestre, como cuando trepamos el astro que salía a dormir soledades entre nuestras pupilas destiladas de amor. Déjame que te cante como cuando eras mía, y era paz el silencio de mi profunda ola, y era paz la distancia de tu nombre y mi nombre y era paz el sollozo de la muerte que espera. Será presente en ti tu manantial sin sombras... Estarás en las ramas del universo mío y todas las estrellas se bajarán cantando la canción del espacio refugiada en un río. ¡OH MAR, NO ESPERES MÁS! Tengo caído el sueño, y la voz suspendida de mariposas muertas. El corazón me sube amontonado y solo a derrotar auroras en mis párpados. Perdida va mi risa por la ciudad del viento más triste y devastada. Mi sed camina en ríos agotados y turbios, rota y despedazándose. Amapolas de luz, mis manos fueron fértiles tentaciones de incendio. Hoy, cenizas me tumban para el nido distante. ¡Oh mar, no esperes más! Casi voy por la vida como gruta de escombros. Ya ni el mismo silencio se detiene en mi nombre. Inútilmente estiro mi camino sin luces. Como muertos sin sitio se sublevan mis voces. ¡Oh mar, no esperes más! Déjame amar tus brazos con la misma agonía con que un día nací. Dame tu pecho azul, y seremos por siempre el corazón del llanto… SE HA MUERTO LA TINIEBLA EN MIS PUPILAS... Se ha muerto la tiniebla en mis pupilas, desde que hallé tu corazón en la ventana de mi rostro enfermo. ¡Oh pájaro de amor, que trinas hondo, como un clarín total y solitario, en la voz de mi pecho! No hay abandono... ni habrá miedo jamás en mi sonrisa. ¡Oh pájaro de amor, que vas nadando cielo en mi tristeza...! Más allá de tus ojos mis crepúsculos sueñan con bañarse en tus luces... ¿Es azul el misterio? Asomada en mí misma contemplando mi rescate, que me vuelve a la vida en tu destello.. CASI ALBA Casi alba, como decir arroyo entre la fuente, como decir estrella, como decir paloma en cielo de alas. Esta noche se ha ido casi aurora, casi ronda de luna entre montañas, como una sensación de golondrina al picar su ilusión en una rama. Amanecer, sin alas para huirse, regreso de emoción hasta su alma, palomitas de amor entre mis manos que al asalto de amor subieron castas. Noche rasgada al tiempo repetido, detenida ciudad de esencias altas, como una claridad rompes mi espíritu, circundas mi emoción como una jaula. Amor callado y lejos... tímida vocecita de una dalia, así te quiero, íntimo, sin saberte las puertas al mañana, casi sonrisa abierta entre las risas, entre juego de luces, casi alba... PARA HALLARTE ESTA NOCHE... Para hallarte esta noche las pupilas distantes, he dominado cielos, altamares, y prados. He deshecho el sollozo de los ecos perdidos... tengo el hondo infinito jugando entre mis manos. Siénteme la sonrisa. Es el último sueño de una espiga del alba que se unió a mi reclamo... Yo quiero que adelantes en espíritu y alas mi canción enredada de trinos y de pájaros. Te esperaré la vida. Levántame el ensueño. Mírame toda en ascuas. Recuéstate en mis labios. ¡Tan simple, que en mitades iguales de armonía, se rompieran a un tiempo tus lazos y mis lazos! Vuélvete la caricia. No quiero que limites tus ojos en mi cuerpo. Mi senda es el espacio. Recorrerme es huirse de todos los senderos... Soy el desequilibrio danzante de los astros. SI FUERA TODO MAR... ¡Si fuera todo mar, para nunca salirme de tu senda! ¡Si Dios me hiciera viento, para siempre encontrarme por tus velas! ¡Si el universo acelerara el paso, para romper los ecos de esta ausencia! Cuando regreses, rodará en mi rostro la enternecida claridad que sueñas. Para mirarte, amado, en mis ojos hay público de estrellas. Cuando me tomes, trémulo, habrá lirios naciendo por mi tierra, y algún niño dormido de caricia en cada nido azul que te detenga. Nuestras almas, como ávidas gaviotas, se tenderán al viento de la entrega, y yo, fuente de olas, te haré cósmico... ¡Hay tanto mar nadando en mis estrellas! Recogeremos albas infinitas, las que duermen al astro en la palmera, las que prenden el trino en las alondras y levantan el sueño de las selvas. En cada alba desharemos juntos este poema exaltado de la espera, y detendremos de emoción al mundo al regalo nupcial de auroras nuestras. AMOR Amor... única llama que me queda de Dios en el sendero cierto de lo incierto. Aquí, desesperada, me contemplo la vida en un hueco del tiempo. Entrecortando pasa el sendero de luz que esperancé de sueño. ¡Oh mañanas azules que se quedaron muertas, volando en el espacio! ¡Oh anudada caricia que amaneces dispersa, cuando despierta el cuerpo! ¡Oh querer desterrarme de mis pasos turbados...! ¡Multiplican en ecos! Aquí, junto al continuo gravitar de la nada, ¡cómo asaltan mi espíritu los silencios más yermos! Mi esperanza es un viaje flotando entre sí misma... Es una sombra vaga sin ancla y sin regreso. Mis espigas no quieren germinar al futuro. ¡Oh el peso del ambiente! ¡Oh el peso del destierro! ¡Amor...! Hasta la leve ronda de tu voz perturbada, me partió la ola blanca que quedaba en mi pecho. CANCIÓN DE MI PENA DORMIDA Con los ojos cerrados amplia de voces íntimas me detengo en el siglo de mi pena dormida. La contemplo en su sueño... Duerme su noche triste despegada del suelo donde arranca mi vida. Ya no turba la mansa carrera de mi alma ni me sube hasta el rostro el dolor de pupilas. Encerrada en su forma, ya no proyecta el filo sensible de sus dedos tumbándome alegrías, en la armonía perfecta de mi canción erguida. Ya no me parte el tiempo... Duerme su noche triste desde que tú te anclaste en la luz de mis rimas. Recuerdo que las horas se rodaban en blanco sobre mi pena viva, cuando corría tu sombra por entre extrañas sombras, adueñado de risas. Mi emoción esperaba.... Pero tuve momentos de locura suicida. Un agitado viento de esperanza parece que me anuncia tu regreso. Entre el fuego de luna que me invade alejando crepúsculos te siento. Estás aquí. Conmigo. Por mi sueño. ¡A dormir se van ahora mis lágrimas por donde tú cruzaste entre mi verso! SILENCIO DE ANGUSTIA Tengo el desesperante silencio de la angustia y el trino verde herido...                  ¿Por qué persiste el aire en no darme el sepulcro?     ¿Por qué todas las músicas no se rompen a un tiempo a recibir mi nombre?   -¡Ah, sí, mi nombre, que me vistió de niña y que sabe el sollozo que me enamora el alma! Antología poética Julia de Burgos libro de audio editado por 3 uves dobles punto lee eme pe tres punto com.,.